lunes, 4 de marzo de 2013

EL ALMENDRO ENAMORADO


Marzo llega con un frío que pela y, sin embargo, veo con sorpresa que el almendro del parque ha florecido.  Diminutos destellos rosáceos cuelgan de sus ramas, aquellas que, no hace ni un suspiro, me parecían esqueletos silenciosos y dolientes, aguantando impasibles y resignados, los vientos helados del Invierno en Madrid. Me pregunto, qué será de sus flores indefensas si, como todo parece, el frío no nos deja aún, y se queda  con nosotros un poco más, haciendo de las suyas y helándonos el aliento. El Invierno, envejecido, aún arrecia, todavía quiere hacerse notar, y aunque las horas del día parecen hacerse de chicle y estirarse y las mañanas hace días que son madrugadoras de luz, los aires gélidos golpean  el camino que recorro hasta el metro cada mañana, y me obligan a enfundarme las manos dentro de los guantes, que odio. Cuando paso al lado del almendro y le veo tierno y  brotado, vestidito de primavera, no puedo dejar de pensar en lo imprudente que ha sido,  tan impaciente por estrenar su mejor atuendo de domingo.

Quizá la ardilla, que vive en el parque, y corretea vigilante de los  nuevos habitantes en los nidos y demás aconteceres en sus dominios, le habrá advertido al intrépido, que aún es temprano y que, en lo más alto, la nubes no tienen la cara de agua, sino de nieve, y que, los fríos azules le helarán su alma recién florecida, sin haber dado tiempo a que los gorriones celebren la llegada de la Primavera en sus ramas, como les es merecido.

Y yo, me pregunto a mi misma, si al almendro, le habrá valido la pena la aventura de ser el pionero a toda costa, en este momento tan frío que vivimos. Aventurarse a tumba abierta por el tobogán de la existencia, sin miramientos ni remilgos, llevado del deseo de florecer y  de habitar la fantasía de ser, el elegido. Desafiar los hirientes látigos del Invierno, el helado fuego abrasador de los silencios que moran en el parque desnudo.  Y me contesta que si, firme y risueño. Que todo ha valido, no la pena, sino la gloria, de ser el primero en entregarse a los brazos de la fuerza vital que fecunda el tiempo; me susurra al oído que el astro, le ha prometido un beso. No un beso cualquiera, caído de la boca seca, a tontas y a locas. No. Un beso a conciencia; suspendido en el aire, con los ojos entornados y el alma abierta. Un beso, forjado al calor de una caricia, que sabe a luna y a miel. Un beso, blanco como las olas cuando se hacen espuma; bañado, en un manantial de rocíos y de  misterios.

Un fuerte viento ha soplado la noche pasada en Madrid. Hace frío, mucho frío. En el portal, me he vuelto a casa a por el paraguas, está lloviendo a cántaros. Acelero mis pasos y travieso con prisa el bosquecillo del parque; atajo por el sendero, intentando llegar a la boca del metro antes de que la lluvia gélida y persistente me cale hasta los huesos. 

Le veo a lo lejos, como es él, pequeño y redondo, aislado entre  los pinos poderosos y tristes que no le conocen. Habitante extranjero del parque, le dicen, mientras miran al suelo. Me acerco. Contemplo temerosa como es zarandeado violentamente por el aire y agita sus ramas en un  movimiento seco y frenético. Docenas de minúsculas florecillas se le arrancan del cuerpo para yacer y morir a los pies de su árbol, tejiendo una  puntilla primorosa que alfombra y amortaja  el deseo de color rosablanco,  en la tierra encharcada.

Me alejo. Se ha quedado detrás de mis pasos el joven almendro, más glamoroso y gentil que jamás le ví; semidesnudo, mirando al cielo. Sin volver la vista, al arbolito tejedor de sueños, dejo,  susurrando promesas de vida y de muerte, de ardiente  amor, llorando lágrimas de hielo.

jueves, 14 de febrero de 2013

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA


¡Que calores¡, ¡Que agobios¡, estamos en febrero amaneciendo a cero grados y transitamos los días  de sofocón en sofocón. No hay cuartel, ni cuartelillo para el desasosiego, y en las noches nos vamos a la cama pringados de una  pegajosa y persistente sensación que apesta a  estercolero; sabemos a ciencia, cada día más cierta, que lo que percibimos y nos repugna proviene de la ciénaga en que se ha convertido la vida pública de nuestro país.  No nos dan respiro.

Eclosionan los casos de corrupción por los cuatro costados patrios, y nacer, nacen, como son, reptilianos y voraces, embistiendo y dando dentelladas a troche y moche, con tal de hacer realidad el dicho  “yo tuerto, con tal de que  tu ciego”. En esas estamos, asistiendo al espectáculo antropofágico de ver como, entre ellos y ellos, se tiran las vergüenzas  a lo morros entre amenazas de querellas, disimulos, ruedas de prensa sin prensa, y prensa interesada y partidista hasta los tuétanos.


En este tótum  revolútun,  de  rapiña y bandidaje al por mayor, en una espiral de “y tu mas, y tu peor, …¡pues anda que tú…¡ protagonizado  por la izquierda plural, es decir, las izquierdas todititas ellas y  la derecha cobardona  de blandiblu, sin chicha ni límoná, autodenominada pomposamente centro reformista, con la indispensable e inexcusable participación de los  nacionalistas cada uno de su padre y de su madre con vocación de carroñeros, ha permitido que los ciudadanos seamos receptores de una avalancha de información espeluznante referida a los casos de corrupción que asolan España entera.

La corrupción institucionalizada ha convertido a la ciudadanía española en un gigantesco váter, en el que se evacua toda la miseria moral de una casta política,  absolutamente carente de la más mínima  credibilidad. En este contexto se produjo la otra tarde un numerito más que añadir a la larga lista de berridos a los que nos tiene acostumbrados los agitadores profesionales de la izquierda mas casposa, ordinaria y violenta, esta vez puesta escena con número circense incluido, en el mismísimo  Congreso de los Diputados. La Plataforma de afectados por la Hipoteca, así se llama la organización que ha llevado al Congreso para su admisión a tramite una propuesta que contemple entre otras, la dación en pago, por resumir, una reforma de la Ley Hipotecaria en toda regla. Pues bien, los elementos representativos de este “colectivo” aparecieron en la tele en pleno desmelene, convertidos en algo que se parecía al  león rugiente de la Metro y la niña del exorcista, en sus momentos más álgidos. Echando espumarajos por la boquita que Dios les ha dado, insultaban con a sus señorías del Gobierno (de la Derecha, por supuesto), y les tildaban a grito pelado,  con claridad meridiana y voz cristalina, de cabrones y asesinos. No, no, insisto, que no se dirigían a los amigos de los terroristas independentistas-comunistas, señores de Amaiur, sino a los miembros del gobierno y en particular, al señor Rajoy, que como todos hemos podido comprobar a lo largo de estos años se ha dedicado a comerse los niños crudos, sin el menor recato.

No seré yo quien defienda la gestión de la Banca en España, ni en este tema de las hipotecas ni en ningún otro; fiadores de Partidos políticos corrompidos y corruptores, se vuelven hienas implacables con sus clientes,  y en cuanto nos pasamos un pelo en el cumplimiento de nuestras obligaciones respecto de las deudas que con ellos hemos contraído, nos meten el rejonazo hasta donde pueden, que es mucho. . De manera que vaya por delante mi prevención y mi desprecio por el comportamiento de los banqueros y cajeros en nuestro país. Todo el mundo sabe que los responsables financieros se han pasado por el arco del triunfo hasta las más elementales normas éticas en el desempeño de sus obligaciones financieras,  con pleno conocimiento, cuando no indicación, del Banco de España a cuya cabeza estaba un hombre del partido socialista, Sr. Fernandez Ordoñez, encargado, se supone, de velar por la transparencia y buenas prácticas en la actuación de nuestro sistema bancario.  

Todo este movidón de los desahucios, que, por cierto, constituyen un porcentaje bajísimo de ciudadanos con hipotecas contraídas, no son otra cosa que el reflejo de un negocio sucio, inmoral, e irresponsable, llevado a cabo entre dos partes, ambas movidas por la codicia, y deseos mas bien poco edificantes; el banquero a la búsqueda del interés del préstamo, y el ciudadano ávido del pelotazo y la buena vida, en demasiadas ocasiones. El primero ha prestado sin garantía alguna de poder cobrar, y el segundo ha pillado el dinero sin garantía de poder hacer frente a la deuda contraída, y mientras tanto, el primero pensando en las Islas Caimán, y el segundo en el pincho de tortilla y caña.

Evidentemente, cuando la cuerda, a fuerza de estirarla, se ha quedado convertida en apenas una hebra y ha hecho crac, se ha roto por la parte mas débil, por el lado de la cigarra, no de la zorra, como era de esperar, y ahora, con los hielos de la penuria, clama y reclama su derecho sobre la casa que nunca ha sido suya, porque de suya solo tenía la hipoteca, es decir, la deuda contraída. La situación descrita lo es en trazo grueso. Bien se que, las decisiones de las personas obedecen a múltiples motivos, y que la búsqueda del beneficio es una pulsión lícita y universal, pero, cuando los compromisos que se asumen están sujetos en su cumplimento a variables que no podemos controlar en absoluto, como es, el flujo de ingresos constantes y estables a lo largo de 30 o 40 años, estamos jugando con el destino en contra, casi necesariamente. Atribuir al desvalimiento por ignorancia o inocencia,  las decisiones de adquisición de una propiedades a precio exorbitado por parte de centenares de miles de ciudadanos, sería tanto como considerarles incapaces e irresponsables de sus actos.

Este sería, en mi opinión, el origen de un despropósito nacional de proporciones descomunales  que ha sumido en la desgracia y la desesperación a centenares de miles de familias. La crisis económica ha sido el detonante que ha hecho saltar por los aires la frágil capacidad de endeudamiento de aquellos ciudadanos que lo debían todo, no solo la casa, sino también el coche, el móvil último modelo, las vacaciones, el ordenador, la tablet etc.

Desde nunca se han servido ruedas de molino en la mesa de mi casa, y esta no va a ser una excepcional ocasión. Ultimamente, nos llegan noticias de personas que se han quitado la vida, porque iban a ser expulsados de sus domicilios por impago de sus deudas hipotecarias a los bancos prestamistas. Francamente, me cuesta comprender como alguien con dos dedos de frente puede considerar que la morosidad te convierte de manera automática en candidato a estar difunto. Se habla de Afectados por la Hipoteca, como si se tratara de un virus o una bacteria mortalmente infecciosos,  de un terremoto, tsunami o cualquier otro desastre natural. No. No se trata de ninguna de estas cosas. Es todo más sencillo y más cruel, si cabe. Hemos perdido el trabajo, y no podemos pagar. No ahorramos cuando pudimos, y ahora, no podemos pagar. Gastamos irresponsablemente, y, ahora no tenemos con qué pagar. Alguna de estas cosas, o todas ellas juntas han sucedido, y… no podemos pagar. Debemos devolver lo que no es nuestro, porque… no lo hemos pagado y no es nuestro. Ciertamente, esta es una situación dolorosísima, pero la responsabilidad no es transferible.

Lo que hoy sucede ha sucedido siempre, no es nada nuevo. La personas se arruinan, por múltiples motivos y circunstancias y  tienen que volver a empezar, desde la nada. La vida se construye con aciertos y con errores, con alegrías y con sufrimientos. Desde el dolor y desde la felicidad. Todo ello es vivir.  Desear la muerte, y abandonar la vida por propia voluntad, no necesariamente tiene que ver con ninguna de estas cosas, y desde luego, no con el hecho de tener que desalojar una vivienda. No es que el suicidio sea lo último, es que es una opción incompatible con la vida, sea esta buena o mala.

Otra cosa distinta es comprobar como la ruina de las familias acontece en medio de un mar de corrupción de los poderosos. Políticos, banqueros, jueces, empresarios están pringados hasta las cejas en asuntos turbios de dinero, blanquean sus ganancias ilícitas, se llevan los capitales a cuentas sucias en el extranjero, se van de rositas en los Tribunales, mientras los ciudadanos más débiles tienen que pagar extraordinariamente, con todo lo que tienen en la vida, sus errores, su falta de prudencia, sus ensueños de nuevos ricos, sus pequeñas miserias y si se quiere, también su codicia. Evidentemente, la indefensión de los ciudadanos se vuelve en este contexto, especialmente irritante e inasumible, y lejos de reflexionar sobre su alta cota de responsabilidad en lo que hoy les sucede, recurren al “… y tu más” y al viejo argumento de contra el vicio de pedir, la virtud de no dar, virtud que la Banca no ha practicado en España en los últimos años del espejismo infantil de bonanza en el que hemos estado sumidos, evidentemente, buscando su propio beneficio a sabiendas de que tarde o temprano su actuación tendría gravísimas consecuencias. Ninguno de los responsable de estas deleznables actuaciones ha pagado precio alguno por ello. Muy al contrario, mantiene su estatus de opulencia, y ostentan, todavía, el reconocimiento por parte de los políticos a los que prestaron inestimables servicios. Verdaderamente dan ganas de vomitar.

Difícil solución tiene este asunto, porque de existir, creo yo que exigiría que este país nuestro se diera la vuelta como un calcetín e hiciera un profundísimo examen de conciencia colectiva. Pero me da que los tiros van por otro lado. Nos falta honestidad política y coraje ciudadano. Lo que nos importa es que nos condonen  las deudas que nunca debimos asumir y no hemos sabido o podido afrontar, y salimos vociferando como posesos a la calle,  que lo firmado por nosotros mismos no tiene valor alguno, que donde dijimos digo, ahora decimos Diego, y que la culpa siempre es de otro. Lo nuestro es  el  pio pio que yo no he sido, como niños que tiramos la piedra y escondemos la mano.

Aceptamos abiertamente y sin pudor alguno, que no tenemos palabra, y que la Ley, está para no cumplirla, nosotros tampoco. En eso si que nos hemos puesto todos de acuerdo, banqueros y tenderos, reyes y plebeyos, y así nos va.

Esto es lo peor que puede sucedernos a los pobres, que únicamente contamos con la ley para defendernos de los poderosos. Necesitamos, por el contrario,  reivindicar el cumplimiento estricto de las normas de convivencia  que nos hemos dado, y la independencia de la Justicia, comenzando por nosotros mismos y en defensa de  nuestra de nuestra Dignidad. Pero para eso, debemos desear ser mayores de edad, obligar a nuestros políticos a que nos tomen en serio; asumir nuestra responsabilidad, trabajar con prudencia para labrar nuestro futuro, y ser, implacables con los corruptos que nos quieren comprar a cambio de  un plato de lentejas o lo que es lo mismo, con un crédito en el que empeñar nuestra existencia para adquirir lo que posiblemente no necesitamos, o aquello de lo que podríamos o deberíamos prescindir;  que la codicia no emponzoñe nuestros deseos, y que no esclavice nuestra Libertad; deberíamos llenar  nuestras vidas de todo aquello que sea bueno y sea posible, con nuestro fuerzo y nuestro trabajo, alejados de propuestas que no son otra cosa que pan para hoy y hambre para mañana. Hoy estamos viviendo el “hambre”, aprendamos y esforcémonos para que nunca nos falte el pan nuestro de cada día, hagámonos respetar y seamos respetables. 

lunes, 28 de enero de 2013

EL COHETE LANZADO POR IRAN, LLEVABA UN MONITO A BORDO. ¿Dónde está la gracia?

 Leo la noticia en la red y no salgo de mi asombro. El titular es que Irán ha lanzado al espacio un cohete espacial con un monito a bordo. La fotografía del simio embutido en una especie de escafandra de goma espuma se califica por sí sola. La mirada aterrada del animal, cae sobre mi, y se queda prendida de mi retina. Una vez más, como en muchísimas ocasiones a lo largo de mi vida,  la  Naturaleza humillada por el ser humano envilecido en su estúpida soberbia, me llena de vergüenza y de desprecio por  mi propia especie.

Hablar de miedo, de pánico y de violencia contra la vida y pensar en una monito desconcertado que encontrará quizá la muerte en el espacio sideral, hablando de Irán, no deja de ser paradójico. De sobra se que el dolor, la esclavitud, la falta de libertad, la tortura, el asesinato, se ejercen diariamente en un mundo que no comprendo, y al que no quiero dedicar ni un solo segundo de mi pensamiento. Me duele profundamente, en lo más hondo, lo que allí sucede con las mujeres condenadas desde su nacimiento a ser seres de categoría infrahumana, en relación con la población masculina, en nombre de determinadas cuestiones de naturaleza religiosa y cultural que en este momento no entro a valorar. Mujeres ancianas, jóvenes, niñas que nacen, viven y mueren sometidas, arrinconadas, tristes o resignadas, pero siendo sujetos del abuso y la alineación, personal, social y cultural por parte de sus padres,  hermanos y esposos, victimas de una opresión absolutamente cruel e injusta.

Por eso, hablar de miedo en Irán y hacerlo en referencia a la mirada de un mono indefenso y desconcertado, lanzado al espacio pudiera parecer un despropósito, cuando de tanto hay que hablar en  Irán,  mencionando el miedo, que clama a gritos en los ojos humanos de las mujeres. Y, sin embargo, hoy, como tantas otras veces, el dolor que me llega afilado como una daga y  súbito como una bala que se incrustara en mi corazón,  proviene del desconcierto que sufre la Naturaleza inocente y que, como si de un espejo se tratara, me devuelve la imagen de mi propia especie, con demasiada frecuencia instruida en la banalidad del mal, de personalidad psicopática,  cuanto más perversa más estúpida, revestida de un infantilismo sádico e insustancial. 

España sabe mucho de estos asuntos. Los españoles somos feroces, capaces de asesinarnos tanto a saetazos como a navajazos; con un tiro en la nuca o usando asesinas bombas contra niños que duermen en sus cunas. En el ruedo matamos a espada. Hemos hecho del quejido bravo, el pasodoble, y a las mujeres y a los hombres, les pone, a muchos,  los trajes de luces citando al astado con los genitales y el cuerpo curvado en un alarde de imposible gallardía de medio pelo, y de andar, solo, por casa. Trajes de luces para la masculinidad ceñida al escroto y teñida  de la sangre inocente, siempre inocente del toro. España, sabe mucho de estos asuntos. Somos una nación que lleva a gala el despeñamiento de cabras por los riscos de luto en fiestas populares, y de toros embolados de fuego tenebroso bañado en vino dulce y sudores agrios; del degollamiento de gallos colgados de ferias populares; de galgos leales atravesados por el plomo, ahorcados de encinas silenciosas y tristes; de perros abandonados, huérfanos vagabundos y  escoriados, que arrastran mugre y tristeza por nuestras calles, hasta los mataderos de departamentos municipales, de medioambiente,  les dicen. 

No se si el monito viajero a la luna, llevará como destino perderse por siempre en el azul celeste. Seguramente, mañana,  será objeto  de alguna broma pretendidamente ingeniosa. El cachondeo está servido,  un simio iraní puesto en la luna, ¡mira tú, que gracia¡. 

Por lo que a mi respecta, espero no encontrarme con la jocosa chanza de algún compatriota que despierte mi ira, la que nace de la tristeza y del desprecio, la  peor de todas. No busco más razones en este momento, al fin y a la postre, en  mi casa estoy, y ya se sabe, como en casa de uno, como en ningún sitio para perderse, pero sobre todo, para encontrarse. Así las cosas me dejo llevar por el sentimiento que me envuelve, y me niego a conceder un ápice de perdón a los maltratadores de animales que todos juntos esta noche me han venido a la memoria. Me aburre su crueldad y me repugna su necedad. Su incapacidad para la clemencia  me atemoriza, y su desamor por la vida de los inocentes seres irracionales me enfrenta cara a cara, con su alma desteñída y ajada por la indiferencia ante el dolor y el sufrimiento de los benditos seres que en esta vida nos acompañan.

Y me acuerdo de Francisco de Asís, amante de la creación, hijo amado de su Dios Creador, y puedo imaginarle,  sabiéndose testigo temeroso de la naturaleza huma, pronunciando estas palabras:

Si tienes hombres que excluirían a cualquiera de las criaturas de Dios del refugio de la compasión y la piedad, tendrás hombres quienes se comportarán de la misma forma con sus semejantes.” 

domingo, 20 de enero de 2013

CORRUPCION, CORRUPCION, CORRUPCION…


A Bárcenas le han pillado con el carrito del helao… El que hace apenas tres años era el hombre fuerte de las finanzas del Partido Popular resulta que tenía unas cuentecitas de ahorro en el paraíso fiscal suizo. Dicen vienen a ser unos  veintitantos milloncejos de nada. El Gobierno se descuelga con que ellos no quieren saber nada de este señor, que ya la echaron del partido en su día por cuestiones del parné que no estaban claras, y que ahora, pío pío que yo no he sido. Esto, le parecerá una estupenda y suficiente explicación al señor Rajoy, pero queda por decir qué hacían los responsables del partido cuando este señor estaba, lo que podríamos llamar, “en sus labores“ en la sede del Partido Popular, que han resultado ser, según todos los indicios, afanarse en afanar lo que no debía. En la casa del partido, en Génova, se han llevado a cabo, según parece, actividades delictivas por parte de un destacadísimo miembro del mismo, nada menos que su Tesorero, delante de las mismísimas narices de los Presidentes y Secretarios Generales del PP. Esta rueda de molino no va a ser sencillo que nos pase por el gaznate a los españoles. Pero ahora que lo digo…, quizá si. Ya demostramos en su momento que teníamos unas tragaderas excepcionales cuando admitimos sin rechistar que Felipe González no sabía una palabra de los asesinatos cometidos por los GAL desde su ministerio de Interior, por no referirme a casos mas cercanos como los impresionantes atentados del 11-M  atribuidos por la “oficialidad” a mequetrefes del trapicheo, cuatro marroquíes de tres al cuarto y que se ha convertido en asunto tabú, incuestionado.

Claro que si lo comparamos con el estilazo que gastan los  pujoles catalanes en la cuestión de la mangancia, es que no hay color. La familia del president, se ha esforzado lo suyo, y le ha salido bordado y con puntilla. Según los medios, entre los tres hijazos del honorable se han hecho una huchita de 300 millones de euros, que también tenían a buen recaudo en paraísos fiscales en distintos países.  La verdad es que a pesar de ser letras, y que todavía las neuronas las tengo pilladas por la peseta como unidad monetaria, así, calculando por encima, me sale que deben ser alrededor de 50.000 millones del ala los que han distraido. El origen de estas cantidades ingentes de pasta, ocultas en cuentas bancarias que apestan, aparece todos los días publicado en la prensa nacional, a excepción de los medios catalanes, que hace varias décadas que aprendieron que no se muerde la mano del amo, así que no me extenderé en cuestión tan tediosa.

Uno de los detonantes de que saltara el escándalo tiene que ver con la denuncia realizada por una señorita, la compañera sentimental, de Jordi Pujol Ferrusola, con el que, según cuenta, habría realizado numerosos viajes por medio mundo montando chiringuitos al mas puro estilo del Chicago de los años 20, pero sin pistolas, que sepamos… La señora, o señorita, se ha puesto a largar y se ha quedado sola, mas ancha que larga. Se ve que le tenía ganas al vástago del señor Pujol. Razones no parece que le faltaran, ya que de paso que cantaba la gallina en relación con los negocietes del exnovio, añadía nuevas informaciones, de índole personal, descriptivas y detalladas del seni, que parece caracterizar a  don Jordi junior y de las que no sale bien parado.  Al parecer, y siempre según la versión de la susodicha enamorada, entre los vaivenes que se traía la pareja, se encontraba subirse al cochazo y ¡hala, a poner rumbo a Andorra¡ que total se encontraba a la vuelta de la esquina. La pareja de tortolitos, además de pasear la pasión, se dedicaba según declaraciones de la novia, a actividades mucho mas prosaicas, como son, las de transportar hasta el chiringuito andorrrano, en bolsas de basura (pero que ordinarios resultan los muertos de hambre vestidos de Domingo...) ni mas ni menos que billetes de 500 euros a mogollón. Oye, que afición por sacar del país los dineros, igualito que si fueran pobres y se les fueran a acabar los duros que están contaos… Yo, la verdad, es que saber si se que estos billetes existen, que son de color magenta, tirando a lila, curiosamente mi color preferido, pero verlos, lo que se dice verlos, pues no los he visto ni he tenido ninguno en la mano. Será que esta circunstancia es cosa propia de mi humilde condición de contribuyente, y que los tejes y manejes con estos billetazos es privilegio exclusivo de aquellos mangantes que llevamos incrustados en nuestra vida a modo de voraces sanguijuelas.

Por lo que se ve, la dama, debía estar hasta el gorro del trasiego dinerario. No sabemos si fruto del aburrimiento del transporte, en si mismo, o precisamente por todo lo contrario, harta de jugarse el pescuezo (fiscal, se entiende) con el novio en actividad tan poco recomendable, o porque este había perdido a sus ojos algunos de sus más encomiables encantos, el caso es que la chica, va y se planta y le dice que na nai de la china, que no vuelve más con las bolsas llenas de guiíta a pasearse por Andorra, que si quiere, que vaya el solo, y que si se aburre, se compre un mono si hay mono que le aguante.

Ahora vuelvo a las noticias difundidas. Al parecer cuando la novia le dice a Jordi, que no, que no le acompaña, el chico, va y se pone un pelín payá de la pelota y la maltrata física y verbalmente. La mujer le coloca una denuncia por agresiones  ante la mismísima policía, con resultado ninguno, por parte de la autoridad. No por esperada, y poco sorprendente, deja de ser una vergüenza la impunidad con que los poderosos en España se pasan por el arco del triunfo la ley, y no digamos ya en Cataluña, paradigma donde los haya, de un régimen autoritario, controlador, generador de súbditos y clientelas, en el que, las voluntades se compran y se venden todos los días como si tal cosa.

En estas estamos. En estas y en peores, porque no hay día que no nos levantemos con la noticia de que alguien perteneciente a la clase política y adelaños económicos, nos ha estafado; algún juez lo ha protegido; algunos medios de comunicación lo han silenciado; mientras sobre los ciudadanos cae implacable la mano de hierro que ha decidido que las deudas por ellos contraidas, se pagarán con el juguete que no hemos comprado a nuestros hijos estas Navidades y las pensiones de nuestros ancianos empobrecidos.

Nuestros políticos llevan decenas de años estafándonos. Los partidos gobernantes en los distintos ámbitos administrativos del Estado, Administración Central, Autonómica, y Municipal, han utilizado su poder y su capacidad de control para sembrar la corrupción a todos los niveles posibles de imaginar. Sistemática y constantemente, con el Partido Socialista, en los sucesivos gobiernos de Felipe González y Rodríguez Zapatero, la corrupción ha sido noticia cotidiana año tras año. La situación de Andalucía es una muestra nítida de hasta que punto los ciudadanos abandonan la esperanza de constituirse en una ciudadanía digna e independiente del poder, con vida propia al margen de aquellos que la gestionan políticamente. El resto del espectro político no es, desgraciadamente, muy diferente. El Partido Popular tiene los rincones de su casa, llenecitos de telas de araña tejidas con la actuación de responsables del mismo que parecen, según se puede desprender de las informaciones de que disponemos, pringados hasta las cachas en asuntos turbios, de enriquecimientos ilícitos, provenientes de corruptelas de todo orden. Ahora le tenemos en el candelero al señor Bárcenas, mientras el Partido Popular, se empeña en convencernos de que los niños vienen de París, tratándonos, como siempre nos ha tratado la izquierda española, como si fuéramos perfectos estúpidos. 

Los Gobiernos autonómicos como los catalanes, para que contar… Es tan burda, tan vergonzosa, tan escandalosa la corrupción que da hasta pereza entrar en el detalle. Por su parte, el PNV, más discreto, se tapa mejor las venguenzas, pero no se mueve una paja, sin que el “partido” omnipresente,  de el visto bueno…

Y como éramos pocos, parió la abuela, en la mismísima casa del Rey, y nos enteramos de que su yerno, parece haber estado robándonos a los españoles a tutiplé, usando subterfugios repugnantes como una Fundación para niños enfermos, como canal instrumental de enriquecimiento ilícito y personal. Entre tanto el Jefe del Estado anda enredado en las enaguas de quien a él le parece oportuno, y que no son las que todos podríamos suponer, mientras nos hace tragar con una familia, la suya, la de su hija,  que está sujeta a enjuiciamientos en los tribunales por delitos gravísimos, olvidando que desde el Jefe del Estado para bajo todos y cada uno de los representantes públicos en una sistema democrático deben tener vocación, actuación y obligación de servicio publico; de que su existencia política, se debe, exclusivamente a la voluntad nacida de la soberanía nacional; de que los ciudadanos españoles no somos súbditos a los que se pueda ningunear sino ciudadanos que podemos y debemos exigir el estricto cumplimiento de la ley también a los miembros de su Casa. A todos ellos.

Hago un esfuerzo por no usar argumentos propios de un melodrama, porque sinceramente creo, que no se corresponderían con la situación que España vive en ese momento. Lo nuestro no es el molodrama, sino la tragicomedia de vodevil sin gracia y sin inocencia. 

Es la sociedad batasunizada que le pone a papa Noel cara del hombre del saco, y que rebusca en las basuras la identidad de sus ciudadanos, a ver si resultan sospechosos de insuficiente adhesión a la causa vasca, mientras ellos miran al cielo distraidamente y dicen que allí no pasa nada anómalo, que son cosas que se dicen por ahí, sin fundamento. Y, tienen razón, han dejado de pasar cosas en Vascongadas, porque a las cosas no hay nada que pueda sucederles. 

Es nuestra izquierda gordilla, en calzoncillos y rulos, asaltadora de caminos y piscinas de marquesas, mientras el mayordomo la observa paciente y aburrido, espantando las moscas, bebiéndose bajo la sombrilla, un tinto de verano. Es la PSOE, maquinaria pseudo progresista en cuyos engranajes anidan los pájaros pijos, de vuelo corto, vocerones de escuetas entendederas, lucidores de rólex a juego con chaqueta de pana proleta que estrenan en mítines casposos. Los chicos y chicas de la rojería hortera disfrazados de marcas con firma extranjera, que no saben pronunciar, sin las que no pueden conciliar el sueño, en el que habita la codicia; son  los pujoles llevándoselo crudo a Andorra,  en bolsas transportadoras de estiércol; son los Alicias Sanchez Camacho, vendiendo los valores del Partido Popular al peso, a los Mas de turno, que visten con oropeles sus verguenzas al tres por ciento de comisión, por respirar en Cataluña; son, los Rajoy tragador de sapos y culebras, y de escorpiones que se apellidan Bolinaga, mientras abandona a las victimas inocentes al ostracismo y a la desesperanza; son los curas de chapela y barretina, arengadores de violencias, humilladores de huérfanos y viudas protectores de asesinos, bruñidores de la equidistancia entre asesinados y verdugos;  frecuentadores de los despachos donde se cocina el olvido y la impunidad de los crímenes, contra los ciudadanos y la nación; son los jueces que se chutan los sumarios y se limpian el trasero con la Justicia que nos han arrebatado dejándonos indefensos a los ciudadanos en beneficio de todo tipo de delincuentes de apellido presunto durante décadas, poniendo a la sombra las denuncias que no interesa vean la luz; son los medios de comunicación, mercenarios a sueldo del mejor postor,  expendedores de  humo, de botox y de silicona de la peor naturaleza, aquella que se implanta en la conciencia, y la anquilosa y adormece.

Son también, coronas ajadas y patéticas, descendiendo a la categoría de baratillo, de todo a cien, maquilladas de papel cuché, que han perdido el sentido de la Historia y lo que es peor aun, si eso es posible, el sentido del ridículo; es el futuro que no se adivina, la esperanza que se ha vuelto anoréxica e indiferente, interesada en no perder el trono, que ya no es trono, que es sillón, que ya no es sillón que es silla, que no es silla, que, apenas, es taburete. 

Dicen que es el nuestro es un país alegre, donde la vida se bebe a grandes tragos de vino y sol, y el miedo se conjura sobre las plazas regadas con la sangre del toro bravo, hermoso e inocente, y en los campos  de fútbol,  entre vítores de voces anónimas y palabras desahogadas subidas de tono. Nos morimos de risa, los españoles.¡Qué cosas, nos pasan¡ Que con la risa nos llegue, el dolor de la muerte.

miércoles, 9 de enero de 2013

AÑO DOS MIL TRECE … QUE PASE Y QUE SE QUEDE.


Hemos estrenado año. Dos mil trece nos contempla con carita de niño. Cuando el día de hoy finalice habrá cumplido, apenas, nueve días.

Me despedí de dos mil doce, con gratitud y un poco cansada. No ha sido el año pasado un tiempo de vivir sencillo. La incertidumbre ha caído como una lluvia de polvo fino y reseco sobre nuestras cabezas, y por momentos, nos ha impedido ver donde nos encontrábamos y sobre todo, nos ha escondido el rostro del futuro que anhelamos. Verdaderamente, deberíamos estar preparados para aceptar la contingencia de nuestra existencia de mejor modo, con más solvencia. Vivir, se quiera o no,  es en gran medida, viajar a lomos de la duda, sobrevolar los mundos ignotos de lo posible (solo posible) y, finalmente, descansar sobre la única auténtica certeza, al final del camino, iniciando la aventura de la Eternidad.

Estamos hechos de las frágiles pajitas que se le escapan a la Historia,  y sin venir a cuento y sin pedirle cuentas a nadie, nacemos y nos quedamos; paseamos por la existencia olvidando que cualquier leve brisa nos lanzará desvalidos, a mundos desconocidos, en los que nos sentiremos pequeños y extraños, por un tiempo, hasta que haya algo o alguien que nos haga participes de su propia existencia. Así crecemos y envejecemos, llenando de infinitos instantes la biología de nuestros músculos y huesos, ignorantes de que no son otra cosa que los incesantes pasos  hacia el final de nuestro Destino.

Quizá deberíamos saborear la consciencia de cuando aquí somos, mientras estamos, con más detenimiento. El otro día, bajo el hermoso cielo azul escarchado de invierno, que viste Madrid con sus mejores galas, estábamos mi madre y yo, charlando y  mirando la callecita silenciosa que pasa bajo la ventana. Ella llamó mi atención para decirme, que algunos árboles habían comenzado a mostrar incipientes y tiernos brotes en sus ramas. Me lo dijo con una sonrisa incalificable de feliz asombro. Parecía que fue ayer mismo cuando esos mismos árboles habían perdido sus hojas, arrasadas el por viento y sin vigor  para tenerse en pie, a fuerza de estar vividas y agostadas.  No hay tregua en la Naturaleza, ni freno ni control. Es un caballo desbocado en carrera siempre adelante, y sin embargo, de galope preciso y poderoso, incansable e indomable. Por eso, cuando parece que la vida se muere tiene la osadía de mostrarse renacida, en cualquier tiempo, para dejarnos siempre  pasmados ante su silenciosa grandeza. Se sucede a si misma, y pasa, sin que casi nos demos cuenta, del balbuceo de las primeras palabras, a la lectura de las palabras primeras, y de aquí, al primer beso, y del beso enamorado, a la primera cana, y de la cana a ese cansancio difuso y persistente en las piernas, y después, a las noches mecidas por los recuerdos, de las sonrisas prendidas del temblor de las manos, y … de las noches sin sueño a las lagrimas de nostalgia por aquello que deseamos y que ya nunca podrá ser nuestro. 

Vivimos, quizá, demasiado deprisa, sin darnos tiempo, sin volver la vista a todo aquello que merece nuestra mirada. Dejamos en manos de los artefactos las cosas del alma, y claro, sucede que los pobres artilugios inanimados no saben que hacer con nuestras atenciones y nuestros desvelos. Ellos no nos responden. No pueden. Al contrario que la Naturaleza, siempre guardan silencio. El silencio de lo inerte, de lo que de verdad está muerto. 

El tiempo corre que se las pela. También por nuestro torrente sanguíneo discurre veloz.  Con cada bocanada de aire que inunda nuestros pulmones se aloja en nuestra piel, y en nuestros labios, y nosotros, ignorantes e inconscientes, demasiadas veces, nos bebemos la vida a grandes tragos, sin que podamos decir a qué sabe siquiera. 

Dos mil trece no será una excepción, y no contará con nosotros para hacer de las suyas. Pasará por nuestras vidas, sumando tiempos que colocar en la columna del debe, y hoy, cuando le contemplo con apenas unos días, se que si Dios lo quiere, le veré cansado y sin resuello, dejando paso al hijo del tiempo que le suceda, que vendrá como ha venido él, empujando y luchando a brazo partido por instalarse en la existencia que nos pertenece a cada uno de nosotros. 

Le doy la bienvenida a este año que termina en 13, como el día de mi nacimiento. Me gustaría vivirlo intensamente, serenamente y sin prisas. Sin perderme los instantes con los que el alma se alimenta y crece: las gotas de música que riegan los sueños, las palabras escritas que tejen las historias de los personajes de los cuentos que aun amo, las imágenes ocultas que nacen cuando yo las encuentro y las hago mías para siempre en una sencilla fotografía … las risas de las niñas jugando como duendes felices con la brisa … la miradas de los míos … la sonrisa anciana de mi madre … el afecto de los amigos entrañables y leales, y el amor de mi vida cuyo lenguaje solo yo conozco.

Son muchas las cosas que se que me aguardan, todas ellas hoy están ocultas tras el velo del azar o del destino, llámese como se quiera. Se, que en el misterio que esconden pudiera encontrarse agazapado el dolor, el sufrimiento, dispuesto a cruzarse en el camino que recorro y que, si eso sucede, me hará tambalearme, y, quizá, si eso sucede,  me sienta extraviada y confusa, como si el camino se hubiera escapado de mis pasos dejándome la ruta a seguir en el vacío. Confío, si eso sucede, en que el Espíritu de Dios salga a mi encuentro y recoja cada una de mis lagrimas, y me ofrezca una esperanza para reanudar el camino. Si eso sucede. 

Son tantas las cosas que me aguardan, que entre todas ellas, se que se encuentran cantarines pájaros que pregonan a los cuatro vientos, infinitos motivos para sentirme feliz y agradecida. Así me encuentra el nuevo año que ha tocado a la puerta de todos hace ya nueve días. 

Dos  mil trece, le abriré la puerta de mi vida, de par en par. Que pase y que se quede, que tenemos muchas cosas que decirnos antes de que llegue la hora de nuestra despedida.

domingo, 25 de noviembre de 2012

ELECCIONES EN CATALUÑA...MAS O MENOS



Hoy han votado los catalanes, a estas horas de la tarde se esta realizando el recuento de votos.  El Presidente de la Generalidad, Sr. Mas, después de agarrarse un buen rebote por la negativa de Rajoy a que Cataluña manejase la cosa fiscal a modo de yo me lo guiso yo me lo como, es decir, como lo hacen los vascos a cuenta del cupo, agarrado al canasto de las chufas, con uñas y dientes, ha convocado el adelanto de las elecciones autonómicas convertidas en un tanteo,  a ver si la opción independentista-secesionista triunfa en la ciudadanía catalana. Imagino que los gerifaltes catalanes habrán considerado que la sociedad catalana está suficientemente macerada en el odio y el desprecio a la nación española después de muchas décadas de adoctrinamiento por tierra mar y aire, es decir, desde todos los ámbitos de poder catalanista, con la inestimable colaboración, por omisión y desistimiento, de los distintos gobiernos nacionales de turno, siempre temerosos de que el nacionalismo mas radical, excluyente y antidemocrático pudiera tacharles de “españolistas”.

Los señores Mas, Duran y Lérida, así como el hijo barbudo de Pujol, del que no recuerdo ahora su nombre,  todos ellos mandamases de un  nacionalismo político, pringadito de escándolos económicos e inmerso en procesos judiciales que tienen que ver la apropiación e lo ajeno en uno u otro modo, dicen que España les roba y que se quieren poner por su cuenta; tener, definitivamente, su chiringuito montado per secula seculorum sin que nadie les tenga que decir ni mu. Estos señoritingos, se han puesto muy campanudos, y como gallinas histéricas andan de un lado para otro, cacareando en los medios que tienen en nómina que los españoles les robamos, a ellos, que son  gente tan, tan seria, tan formal, tan trabajadora, emprendedora, ahorradora y con un seni que ¡válgame Dios¡ se les sale por las orejas de lo crecidito que lo tienen.

Ciertamente, es para quedarse verdaderamente pegado, como un chicle hibernado, cuando se oyen esas cosas. No es que a mi me importe una higa  que Cataluña de independice, pero resulta  un pelín indecoroso que estas mamarrachadas las suelten los responsables politicos de Cataluña cuando tienen que venir a Madrid, es decir, a la capital de la Nación, a mendigar que de las arcas públicas se nos sople la guíta para que puedan financiarse los mastodónticos gastos en los que han incurrido los despilfarradores gobernantes catalanes durante lustros.  Llegan en un momento chungo, la verdad, porque las arcas del estado están cubiertas por las telarañas del paso del tiempo sin hacer caja; los fondos patrios están sin blanca, o por decirlo de otro modo, están hipotecados y con las cuentas al rojo vivo.  Vive el Estado de prestao, pero  insisten machaconamente en que  les soltemos el parné, que estan cocidos,  que no tienen ni para comprarse un bocadillo de butifarra de la mala. Eso si, como la vieja señorona de  la  magistral obra  "Misericordia", de  D. Benito Pérez Galdós, arruinada y empobrecida y miserable, pretenden matar el hambre  poniendo a mendigar a la criada, que somos ¡faltaria más¡ todos los demás españoles, esos menesterosos que dicen que les robamos, mientras los señoritos catalanes, mas tiesos que la mojama, mantienen el apresto de un pretendido señorío que no es otra cosa que el aire rancio de lo peor de la provincia, del quiero y no puedo, revestido de un orgullo ridículo y patético. 

Durante las ultimas décadas, los nacionalistas catalanes se han aprovechado del sistema democrático para ir haciendo sus pinitos, ensayando la experiencia de ser  un “estadin”, un reinito de taifas. El microimperio catalanoide. Evidentemente, con el seni que caracteriza la acción de los políticos catalanes, nos han ido royendo los bolsillos a la vez que nos insultaban por poco generosos con sus necesidades nacionales. Empeñados en convencernos de su hecho diferencial resulta que hemos tenido que someter a su penitencia nuestra mera existencia, por lo que con un respeto reverencial nacido de nuestra culpa culpisima, la Nación en lo que concierne a su elementos institucionales, comenzando por la mas Alta institución y de ahí abajo todas las demás, se ha acercado a las demandas insaciables del nacionalismo catalán, con las rodillas desolladas de tanto arrastrarse de pacto en pacto, y tiro porque me toca, y cuyas partidas acaban siempre del mismo modo, soltandols la pasta y pidiendo perdón, para financiar un sinfín de medios de comunicación encargados de fabricar el mundito catalan happy happy, montar las adecuadas estructuras judiciales bien untaditas de lo que haga falta, organizar un sistema educativo en el que España sencillamente no existe ni ha existido nunca, si no es como fuerza opresora y ocupante. Durante años se ha perseguido a los ciudadanos que pretendían hacer uso de su idioma español en la vida publica, y oficial, violentando los derechos humanos mas elementales en relación con el uso de la lengua, hasta el punto de censurar y penalizar su uso a los niños castellano-parlantes en las escuelas de infantil, o a los enfermos en los hospitales. 

Los políticos catalanes llevan ciscándose, mofándose y cachondeándose de la Constitución española muchísimo tiempo, tanto, que nuestra Ley de leyes ha quedado reducida en esta parte del territorio español un papelillo ajado, trasnochado e inoperante, porque, sencillamente los ciudadanos catalanes de mas edad no han tenido interés alguno en respetarla, y los mas jóvenes han sido educados en el desprecio olímpico de la Ley que rige en su propio país, que no es otro, mal que les pese, que España; la norma de mayor rango  que ampara la libertad y la igualdad en su nación,  la nación española, de la que reniegan, sin a penas conocerla.

Así las cosas, podríamos pensar que el Gobierno del señor Rajoy  tendría que poner los puntos sobre las ies en este dictado llenecito de faltas de ortografía, en el que se ha convertido la reciente historia de la decadente España, “la malquerida“. El desafío lanzado por Convergencia y Unión, pretendiendo imponer  la secesión de una parte del  territorio nacional, requeriría en mi opinión una respuesta con algo mas de contenido que la meliflua y acomplejada posición que ha adoptado. Como me sucede en tantas ocasiones, no veo yo muy complicado caminar por la línea recta, ya se sabe, la distancia más corta entre dos puntos, comunicando a las fuerzas políticas independentistas, primero, que la  posibilidad de la secesión no se contempla en la Constitución Española, y segundo, que la pela es la pela, y que no le vamos a sacar de la boca el pan a los niños de los parados españoles para que en Cataluña se mantenga el chiringuito indenpendista y sus costosísimos oropeles. 


Creo que sería deseable no hacernos eco del engaño nacionalista, que mucho me temo, intentará llegar un apaño con el Gobierno central, consenso lo llaman ahora, para que Cataluña se sienta mas cómoda dentro del Estado. Utilizo este lenguaje deleznable, porque  suele ser el habitual, con el que nos pasan una mano por el lomo, mientras que con la otra nos agarran por el mismísimo gaznate hasta que soltamos la pasta que es de lo que se trata, al fin y a la postre. Parece que el 3% del que hablaba el Sr. Maragal de coíma en el trasiego de los negocios públicos de la Generalidad y aledaños, no ha dado lo suficiente para calmar el hambre insaciable del nacionalismo. Así  la mandanga de poner un precio a su pertenencia a España nos está costando un riñón, en euros y en dignidad. Si Cataluña está dispuesta a permitir que sus mandatarios, elegidos por ellos en las urnas, se lo lleven crudo es su problema, en ningún caso puede ni debe ser el nuestro.  

No tengo ni idea de cómo será finalmente el resultado de estas elecciones, pero estaría encantada de que como consecuencia de las mismas, pudiéramos acabar con esta situación. Sería deseable, en mi opinión, que  con buen tonito, sin prisa, pero sin pausa, mas pronto que tarde, España siguiera su camino por los derroteros que la Historia le tenga deparados sin las partes que tanto dolor le causan. Muchos queremos ser y estar  libres de una Cataluña que nos pesa a los españoles como un muerto  cada día más difícil de soportar, cada vez más pestilente. Cataluña se ha vuelto muy aburrida para España, banal y poco divertida, provinciana y faltona y ademas, por si fuera poco, carísima. 

Que se marchen, o que nos dejen ir, ahora que la caja esta medio vacía, que como esperemos un poco mas,  con ese seni que les caracteriza, nos dejan en bragas, y lo que es peor,  sin el aliento y el ánimo que España necesita imperiosamente para seguir siendo la gran nación centenaria que es, pese a Cataluña, pero no solo y únicamente, a pesar de Cataluña.

Que se marchen pero que no se lleven lo que no les pertenece, hagamos números y cerremos cuentas y fronteras,   y aquí paz y después gloria.  Estamos dispuestos a cambio a proporcionarles gratis total, como a ellos les gusta, una Corona Real:   la dinastia de Undargarin y señora.

sábado, 10 de noviembre de 2012

DESAHUCIO: PUNTO DE PARTIDA.



He abierto el portátil y me he dado de morros con la noticia: “una mujer ex concejal del Psoe de Baracaldo se ha tirado por la ventana de su casa, perdiendo la vida, ante la amenaza inminente de ser desalojada de su vivienda en un procedimiento de desahucio“. Esta es la noticia que se ha extendido como la pólvora por la red, y, como he podido ver, también en todas las cadenas  de televisión.

El suicidio de esta persona se ha convertido, en fuente de opinión de transeúntes y caminantes urbanos, abordados por reporteros imberbes ansiosos de lograr  su minuto de gloria televisiva recogiendo en caliente las palabras de ciudadanos indignados con la situación por la que España se desliza hacia el abismo y que alcanza las máximas cotas de dramatismo, como no podría ser de otro modo, con las muertes desencadenadas por suicidio de aquellos que se quitan de en medio antes de soportar  el desalojo de las casas que debían a  los bancos, en forma de créditos hipotecarios.

La realidad es tozuda, se impone y nos persigue a lo largo de nuestra vida. El mundo happy en el que hemos jugado al juego peligrosísimo del que hay de lo mío,  en las últimas décadas, se ha esfumado y nos encontramos con que nuestras actuaciones del pasado, mas o menos inmediato, nos persiguen como fantasmas que nos miran a los ojos y nos causan terror. No quiero entrar a valorar si la ley hipotecaria española es más o menos adecuada, y mucho menos voy a entrar en la cuestión de si la banca y las instituciones financieras en general tienen dientes afilados como puñales con los que nos devoran con ansias asesinas…Doy por hecho que vivo en un país en el que la corrupción chorrea por los cuatro costados; en el que, políticos, sindicalistas (valga la redundancia), jueces, artistillos, medios de comunicación, compiten en desvergüenza y deshonestidad, y un día si y otro también, nos encontramos con escándalos protagonizados por los prohombres y megamujeres miembros (y miembras, como diría alguna feminista del rojerío) de las elites dirigentes, de esta cosa que ha dejado de ser una ciudadanía para ser “pueblo” , como a la mayor parte de los españoles les complace denominarse.

Estamos en crisis. Es obvio, y de tanto oírlo y tanto decirlo, no se percibe como una circunstancia que tiene el nacimiento en nosotros mismos,  en la que hemos participado activamente,  de la que somos protagonistas principales y en la que ostentamos una directa responsabilidad. Cada día mas, en mi opinión, el  momento crítico que vivimos, que se expande en el tiempo densamente e impregna todos los ámbitos de la vida social,  pareciera fruto de una maldición de dioses perversos; fruto del proceder de entes capitalistas, difusos e imprecisos, pero que, en todo caso, nada tiene que ver con  cada uno de nosotros. Esta perspectiva, que se desprende de comentarios en la calle, en los medios, y de la mayor parte de las fuerzas políticas y sociales, constituye el  máximo exponente de nuestra inmadurez colectiva y de los escasas posibilidades con las que contamos para superar nuestra penosísima situación actual.

El Estado español no paga las deudas que ha contraído con sus prestamistas internacionales, mediante las cuales ha  venido financiando, a crédito,  el escandaloso despilfarro nacional con el que hemos vivido sin pegar palo al agua, como quien dice, (basta comparar nuestros índices de productividad, con los de aquellos países a los que les debemos hasta la camisa). Las Administraciones (sobre todo Autonómica y  Local, pero también  Central)  nutridas de poltronas en las que asientan sus posaderas centenares de miles de politicastros nacionalistas y no nacionalistas, no pagan tampoco lo que deben,  arruinando a los acreedores, en este casi compatriotas (pymes, autónomos etc), con lo que han propiciado la perdida de centenares de miles de puestos de trabajo. Y, llegamos al final de la cadena, a los ciudadanos corrientes y molientes, que, al igual que los anteriores, tampoco asumen sus compromisos económicos, entre ellos, el pago de las hipotecas de sus casas, contratadas a crédito variable de n-mil años, con una banca deleznable, irresponsable y codiciosa, es decir, como todos. Es decir, como ellos mismos. Esto es lo que somos, un país moroso de morosos.

En estos años, ser pobre pero honrado, había dejado de ser un referente de dignidad personal. Los modelos imperantes han sido otros y muy distintos, primando sobre todas las cosas, el axioma de que todo el mundo tenía un  precio, que este precio era relativo, variable y coyuntural, siempre funcional y a servicio del objetivo a conseguir. Hemos asistido al espectáculo lamentable de una sociedad cuyas élites se nutren de famas y honores inmerecidos, de hombres y mujeres estúpidos, incultos y ambiciosos; de una ciudadanía en gran parte irresponsable, de conducta infantil, banal  y acrítica, que se encontraba en una básica y elemental sintonía con sus dirigentes en cuanto al objetivo que han compartido:  tener mas por menos, poner menos por más. Un sociedad en la que prima la ley del mínimo esfuerzo, la licitud de cualquier medio para conseguir el fin; en la que  todo el mundo ha llegado al convencimiento, por la constatación misma de los hechos,de que la Ley está, sobre todo y fundamentalmente, para no cumplirla. A esto lo han descrito en innumerables ocasiones como “la paz social”, evidencia patente de que nos han tomado por imbéciles y no nos hemos percatado de ello, o hemos mirado hacia otro lado, haciendo gala de una condición interesadamente lanar.

En este tristísimo panorama algunas personas, últimamente, han decidido quitarse la vida antes de que les “quitaran” la casa. Los medios y la mayor aparte de los agentes sociales, se han apresurado a ponerse graves, gravíiiisimos, y con voz campanuda claman enfurecidos porque se  detengan  los desahucios, alegando que los españoles se tiran por la ventana porque los bancos les quieren echar de sus casas, y que,  la responsabilidad de que no paguen su hipoteca no es suya sino de la crisis.

Pensar que alguien se quita la vida porque pierda su techo, es en mi opinión, sencillamente una bobada no exenta de malignidad. Millones de personas en el mundo pierden sus casas o  no conocen lo que es tener un techo. Hombres y mujeres a lo largo y ancho del Planeta sufren inconmensurablemente, víctimas de persecuciones, torturas, pobreza y enfermedad. Pierden a sus hijos pequeños, a sus padres; son objeto de humillaciones y  de terribles abusos, y…no deciden quitarse la vida. El suicidio es otra cosa y tiene otras motivaciones, complejas, y de muy distinta índole.

Los que pretenden buscar una solución para los propietarios de viviendas que se embarcaron en deudas multimillonarias en relación a sus ingresos y sobre todo a la seguridad de los mismos, y que hoy, como era más que previsible, no pueden  hacer frente a las mismas, buscando la cancelación de la deuda o justificando su impago, hacen un flaco favor a la economía global del país. La solución a una situación sobrevenida de indefensión social, tendrá que tener, en todo caso,  un solución de la misma naturaleza. El banco no puede regalar el dinero, sencillamente, porque no es suyo, sino de sus depositantes.

Por otro lado, si la cosa va de no afrontar las deudas que los ciudadanos tienen contraídas, me pregunto si el desahucio por impago del alquiler no debería tener el mismo tratamiento. Es decir, que a los propietarios de viviendas arrendadas (en muchisimos casos a precios abusivos y en condiciones deplorables, por no utilizar otro adjetivo más contundente), en caso de que el inquilino no pague porque la crisis le ha afectado de manera notoria, se les plantee  una moratoria forzada y sine die hasta que la situación mejore o una rebaja del precio del alquiler ajustada a la nueva situación del inquilino, decidida por ajenos,  mientras el inquilino sigue ocupando su casa, le parezca al propietario, bien, mal o peor.  No parece que vayan por ahí los tiros, mas bien todo lo contrario.  No hace nada que el Gobierno ha aprobado una nueva  Ley de Arrendamientos, en la que el retraso  de 10 dias en el pago de la renta, pone la inquilino de patitas en la calle por la vía judicial. A todo el mundo le ha parecido estupendo el endurecimiento durísimo de esta ley y los arrendadores están dando palmas con las orejas. Se la denomina con inexplicable orgullo la Ley del desahucio expres, ¡es que tiene bemoles la cosa¡

El  problema de la pérdida de la propiedad por incumplimiento de la obligaciones contractuales contraídas se puede hacer extensivo a multitud de situaciones:  al impago de la cuotas del coche, que necesitamos para ir al curro, o incluso que utilizamos como herramienta de trabajo,  por ejemplo.. Y  qué podríamos decir de todos aquellos que de manera imprevista se han convertido en viudos o viudas de la noche a la mañana y han visto reducidos sus ingresos familiares al  cincuenta por ciento, ¿no deberían tener un tratamiento "considerado" en relación con sus deudas contraidas?  Igualmente debería suceder con las victimas de la enfermedad sobrevenida,  o de la mala suerte en general.  Por no hablar de aquellos que por su mala cabeza y su peor vivir, se han fundido los sueldos en copas, viajes, vacaciones, cruceritos, cenas, trapos, móviles de ultima generación, baretos, al tiempo que ostentaban la doble condición de propietario-hipotecado, y ahora lloran lágrimas de cocodrílo porque les ha sucedido lo que a la cigarra,  que ha llegado el invierno y están cagaditos de frio, o lo que es lo mismo, en la puñetera calle con la que está cayendo.

Es el momento de crecer de una vez y dejarnos de tanta mandanga propia de niños malcriados. Es urgente madurar, mirarnos a nosotros mismos, y si no soportamos la imagen que vemos, a lo peor decidimos optar por el suicidio, que, por otro lado,  ha sido una opción humana desde el principio de los tiempos, seguramente la mas equivocada de todas las opciones posibles. Hay otras alterantivas, quizá mas difíciles, como la de volver a empezar, por ejemplo.

Perder la casa, y mantener la vida es una enorme suerte. Solo hay que darse una vuelta por cualquier hospital, cerrar la boca y abrir bien los ojos.  Mirar al futuro, partiendo de cero, es  una oportunidad que nadie debería desperdiciar, pero eso solo es posible si estamos dispuestos a cambiar  las reglas de juego por el que se rige nuestra existencia cotidiana. Asimismo, es indispensable también,  la exigencia de responsabilidades, incluso en el orden penal, a  los cargos públicos y dirigentes políticos, que traicionan e incumplen el deber que se les ha encomendado democráticamente de ejercer una acción política transparente, ajustada a la ley, y con estricto respeto a la igualdad y la libertad de todos los ciudadanos.  Habría que comenzar por asumir que somos libres para actuar y responsables de nuestras acciones. Que nuestra conducta tienen consecuencias, que nadie mas que nosotros somos actores protagonistas de nuestra vida.

En este tiempo he pensado con frecuencia en la sencilla fórmula de economía familiar que se vivía en mi casa cuando  yo era niña. Se trataba de no gastar lo que no se tenía, de guardar un poquito de lo que se ganaba, y de no pedir aquello que no se sabía que se podría devolver. Esto es lo que mi madre y padre hacían cuando mis hermanas y yo eramos pequeñas,  administrando de manera magistral la escasez de aquellos tiempos que fueron verdaderamente duros y en los que en nuestra vida de niñas nunca faltó lo básico, lo fundamental, lo realmente indispensable. Esto fue lo que ellos me enseñaron, lo yo que aprendí y lo que aun no he olvidado.

Vivir es un ejercicio de alto riesgo, que comporta esfuerzo y coraje, grandes dosis de paciencia, y sobre todo de esperanza. Es el momento de comportarse con altura de miras y disciplinadamente. Parece que hemos crecido pero no nos hemos hecho mayores, y los zapatos escolares nos han quedado  pequeños,  nos han hecho ampollas. El dolor  no nos dejan caminar, causándonos mas sufrimiento del que podíamos imaginarnos. Es preferible ir descalzo, y ligero, confiando en  que nuestra piel se curtírá con cada uno de nuestros pasos. El camino que queda por delante, es felizmente largo e incierto; nada está perdido ni ganado para siempre. Como decía D. Antonio Machado (que no Serrat con sus ridículos gorgoritos) “para el caminante no hay camino, se hace camino al andar… golpe a golpe,  pero también… verso a verso”.

domingo, 21 de octubre de 2012

"... DE NUEVO EN CASA"


He vuelto. De nuevo, he abierto las ventanas de par en par de esta mi casa virtual, para que el aire fresco de la mañana inundara sus pasillos y se derramara por sus mas recónditos rincones. Los silencios, todos, han secado sus lágrimas de este tiempo incierto, y se han ido por la puerta que les he dejado también abierta, para que volaran, por fin,  libres y esperanzados. Les he visto alejarse, dirigiéndose al infinito, el mismo en el que habita mi memoria. En ella, recobrarán la  calma y ocuparan su sitio por siempre, recuperada  la fuerza y el significado, de aquellas palabras que no pudieron  salir  de mi boca.

Este tiempo, no obstante, no ha sido cubierto por las ardientes arenas del desierto en soledad, sino que inesperadamente, los ángeles nos han cobijado bajo sus cálidas alas, y tomándonos de la mano, nos han conducido por el camino más seguro, sorteando el dolor y librándonos del miedo agazapado en las manecillas del reloj. Han acompañado los malos ratos, y los ratos peores. He podido ver como  en su sonrisa viajaban los mensajes de ánimo que llegaban hasta mi en los labios de los desconocidos con los que me he cruzado casualmente.

A mi lado, en este periodo de grises iluminados, han estado los míos. Más míos que nunca. Los de mi sangre, los que son vida de mi vida. También, aquellos que se me acercaron en un momento, y decidieron quedarse a mi lado y yo al suyo. Son los amigos que ofrecen generosamente su cercanía, más valiosa que cualquier tesoro.

Presentes, también, han estado las ausencias, imposturas, pobrezas … las menos. Insignificantes. No cuentan, porque no suman. Tampoco restan. No pueden. Han dejado de ser.

En este tiempo, breve y penetrante como una herida, he caminado por la senda de la paciencia y de la esperanza. He escuchado con atención las voces que claman en el alma, y me he alegrado de saber, que siguen ahí, que no me han abandonado y que yo, no he olvidado su lenguaje.

Mis palabras hoy, se engalanan de gratitud y de agradecimiento. A quienes me han mostrado la gloria de la generosidad, el tesoro de la lealtad, la inconmensurable grandeza que anida en el corazón sencillo de las personas buenas; a quienes me han descubierto la triste banalidad que se esconde en el intrincado laberinto de las pequeñas cobardías. Gracias, a todos ellos.

La vida retoma la magia de lo cotidiano y de regreso a esta mi casa virtual invito a todos aquellos que han llamado a mi puerta y no me han encontrado, a que celebren conmigo, la maravillosa y extraordinaria emoción de sentirnos vivos

jueves, 13 de septiembre de 2012

EL ASESINO MORIBUNDO



Moribundo… dicen que está a punto de dejar esta vida. El cáncer se le llevará, mas pronto que tarde, de este mundo envilecido con su existencia.

Oficia de asesino aficionado a la tortura. Sádico y cruel jamás se arrepintió del sufrimiento indescriptible infligido a las que fueron sus victimas: tres jóvenes cuyos cuerpos saltaron por los aires, destrozados por la bomba salida de sus manos; otros, sufrieron heridas terribles y gravísimas secuelas físicas y sicológicas fruto de sus acciones homicidas.

Esto… no es todo.

Sádico. Sepultó en un zulo bajo tierra, en una ratonera inmunda, durante un tiempo infinito de hambre, de soledad y de oscuridad, a un hombre. Le condenó al terror de esperar la muerte como única liberación de su tortura, mientras él jugaba a las cartas entre risas con los alacranes, y alimentaba a sus perros guardianes, sobre el mismo suelo bajo el cual, enterrado en vida, su víctima sufría el calvario de la agonía. Fueron quinientos treinta dos días de muerte para Ortega Lara, con todas sus horas, sus minutos y sus segundos de tristeza y de dolor que, como cuchillas afiladas despedazaron su cuerpo y desgarraron su alma. El preso canceroso, siempre estuvo dispuesto a dejarle morir bajo la fría tierra, negándose a confesar donde tenía secuestrada a su víctima.

Esto… no es todo.

Cobarde. El moribundo es un cobarde. La muerte ha tocado a su puerta y no tiene el coraje de invitarla a su mesa. No quiere el gudari de plastilina estar solo cuando se le cuele la parca hasta la cocina y le arranque de un seco zarpazo el último latido de su corazón. Dice, que tiene derecho a morir con dignidad, y con los suyos. Como si la dignidad fuera cosa que pudiera ofrecerse o regalarse; como si fuese posible comprarla, robarla o negociarla …No sabe que la dignidad es un atributo de las personas humanas, solo de ellas, que no está al alcance de los virus ni de las bacterias.

Esto… no es todo.

Estúpido. Es un estúpido. Anhela la libertad y no ha comprendido que fuera ya no le espera nada. Nada bueno, ni limpio. Ninguna esperanza. Se le acaba el tiempo precioso del arrepentimiento y la ciega alimaña que alimenta en sus entrañas sigue devorando con tenacidad lo que le pudiera quedarle de la naturaleza humana del niño que fue. Dejará este mundo habitando el alma de un asesino.

Esto… no es todo.

Sucio. Es, el hombre degradado, ejemplo de residuo que la naturaleza humana excreta de tiempo en tiempo, en todas las sociedades, y desde los albores de la Humanidad. El moribundo es imagen de lo peor de nosotros mismos. Sus ojos de impiedad escrutadores desde su ventana, dan miedo. Nos recuerdan sin otro remedio a lo que en nosotros pervive del cerebro reptiliano; lo que de monstruos guardamos en nuestra esencia, del insecto indiferente, cuando el ser humano se convierte en un animal homicida, impasible, insensible, inmisericorde.

Conocemos la inmundicia de su pensamiento, convertido en punzante puñal desgarrador de sus presas. Reconocemos sus estrategias guiadas por la muerte, depredadoras de la libertad. Tenemos miedo de sus ansias insaciables de matar, del frío contumaz de su mirada inclemente.

No soy del todo justa cuando cito en el símil el orbe de seres inocentes. Carece, el asesino, que dice morirse, de la belleza de la cobra y de la mariposa, de la libre y perfecta ingenuidad de la Naturaleza. El asesino ha elegido, convertido en alimaña, hacerse depositario de una amoralidad que en el orden natural es radical pureza, y que en los seres humanos, no es otra cosa que perversa y deleznable culpabilidad.

No le menciono. No merece ni el nombre que lleva.

El es, la imagen moribunda de nuestra vergüenza; el forúnculo social y moral, que ha crecido entre nosotros, expandiendo su hediondo veneno, anegando de ira y de tristeza nuestros corazones.

El es, el espejo donde nos encontramos con nuestra debilidad y nuestra cobardía colectiva. Cuando cruce la calle de la libertad le quedarán a asesino desahuciado, sobradas fuerzas para reírse de nuestro fracaso, para bromear con los chacales y sus hembras, recordando los viejos tiempos en los que se relamían pensando en la proximidad de la muerte de su víctima enterrada en el zulo, sollozando atrapada en las garras del hambre y de la sed.

La bestia dicen que agoniza, ¡Que más da¡ ¡Que más nos da, si el cáncer se le lleva más pronto que más tarde¡

No queremos para nosotros ni su detestable vida ni su maldita muerte. Queríamos ser libres en una sociedad de hombres justos. Eso, ya no será posible. No hemos sido capaces, ni valientes. Nos ha faltado fe para defender lo trascendental, lo valioso, que no es la muerte irrelevante de su existencia execrable y maloliente, sino la dignidad de nuestra propia vida y el futuro de los nuestros en libertad. Hemos dejado de ser ciudadanos, para se solo habitantes de una nación despedazada, en la que las víctimas lloran amargamente, en esta aciaga noche, la cobarde traición de los que creyeron ser los suyos. Aquellos, en los que buscaron el consuelo y la solidaridad. Aquellos a los que demandaron memoria, dignidad y justicia. Sufren, las victimas la deslealtad y la ingratitud de aquellos, que se lo debíamos todo.

El asesino moribundo arrancó a dentelladas su vida y destrozó su alma, y nosotros, pobres de nosotros, indolentes y pusilánimes, nos hemos dejado en el camino estéril de nuestro pretendido recorrido democrático, la esperanza de ser algo más que estómagos agradecidos.

lunes, 20 de agosto de 2012

EL CARACOL AVENTURERO

Hace unos días, llegada la tórrida noche en este inclemente mes de Agosto en Madrid, cuando me disponía a regar las macetas de la terraza, me encontré con él. Pegadito a la pared de un tiesto plantado con cebollino, el caracol se ocultaba en su concha, adherido y silente, sin decir esta boca es mía, o lo que es lo mismo para los caracoles, ocultando sus blandas antenitas y su escurridizo cuerpo, dentro de su caparazón. Después de muchas horas al sol, sumergido en la calorina estival, parecía reseco y sin vida.

Con mucho cuidado y preparada para encontrarme dentro de su concha un espacio vacío, el receptáculo de una especie de mojama de caracol, con un movimiento rápido de mis dedos despegué de la maceta aquello que no parecía otra cosa que el cadáver estival de un desgraciado molusco gasterópodo. Bajo una especie de pegamento blanquecino y reseco, que se desprendía a trocitos con un toque ligero de mi uña, se encontraba agazapado el nuevo habitante de mi terraza. Le di un par de toquecitos suaves con el dedo, e inmediatamente aquella masa blandita y grisácea se estremeció, encogiéndose todavía más. Estaba vivo, eso estaba claro. No podía, sin embargo, asegurar que no estuviera también moribundo, a punto de palmarla, victima de la sed y del hambre. Entre los escasos conocimientos que poseo de casi todas las cosas, no forma parte, desde luego, los secretos vitales de los caracoles, ni sus andanzas, ni poseo información alguna del trasiego que se traen en el afán de buscarse la vida. Así que, llevada solo de la intuición, lo primero que hice fue, respetando la maceta que el mismo había elegido como lugar de residencia, poner la concha sobre una gigantesca y fresquita hoja de lechuga que saqué del frigorífico. A continuación solté sobre él un vaso de agua, salpicándole con mis dedos, a modo de ducha o si se quiere de chaparrón, para indicarle que la chicharrera que amenazaba con finiquitar su existencia había terminado.
El caracol, se tomó su tiempo y yo, aguardé esperanzada, a ver si las medidas de primeros auxilio que con él había tomado, le daban vidilla, un poco de optimismo, y se animaba a salir de su escondrijo donde, era evidente, que lo debía estar pasando canutas. Después unos minutos, y ante mi feliz pasmo, la concha comenzó a moverse ligeramente, y desde sus entrañas comenzó a asomar con cautela un precioso caracol, que estiraba unas antenas estupendas y precisas, que se movían oscilantes, mientras avanzaba dejando la viscosa huella de su deslizamiento por la lechuga que formaba parte ya, de un improvisado y confortable hábitat para el inesperado visitante de mi terraza.

Desde esa noche, todas las noches, antes de irme a la cama, me paso a hacerle una visita a mi aventurero caracol. En la maceta en la que sigue instalado le suministro su ración verde de alimento. Riego en abundancia el cebollino que le cubre como un firmamento irisado de verdes líneas y dejo que la bendita agua empape la tierra por la que pasea su palmito cuando le viene en gana. Me gusta verle, vivo, latiendo, existiendo. Vulnerable, frágil y un poco torpón, arrastra su cuerpecillo diminuto y extiende sus antenas curioseando el mundo de cebollino y raíces, que le rodea, no sabe, ni falta que le hace, que en este mes de Agosto, pese a que su casa de concha todas las noches desde hace unos días se empape de agua fresca, no ha caído en Madrid ni una sola gota del cielo; tampoco sabe que la lechuga de dulce clorofila que alimenta sus entrañas, ha viajado centenares de kilómetros hasta llegar a su maceta. El, sigue a lo suyo, centrado en sus quehaceres de caracol, que no es otra cosa que mantenerse con vida, que ya es bastante. Toda una lección de resistencia en los tiempos que corren.

Hoy, no estaba en su tiesto de cebollino. Le he buscado en las macetas del alrededor, y en las paredes de la terraza bajo la luz tenue de la luna, en este noche calurosísima de verano y no le he encontrado. Sobre la tierra se encontraba, ajada y reseca la hoja de lechuga que le puse la noche anterior.

Se ha marchado.

De la misma manera, misteriosa y sorpresiva que apareció nuestro visitante, ha desaparecido. Nos ha dejado. Es lo que tiene estar vivo, que si eres caracol, la vida te empuja a seguir siéndolo hasta la muerte. No puedo dejar de preguntarme recordando su premioso y lento avance con la concha a cuestas, como es posible que haya recorrido la descomunal distancia que le separaba desde su maceta a casi cualquier sitio y me hago idea del esfuerzo titánico que le ha impulsado a deslizarse por la aventura de busca otros mundos donde encontrar nuevos firmamentos, seguramente, (estos si) de lunas y estrellas, aun a riesgo de morir achicharrado sobre una superficie inclemente y seca, sin horizontes verdes y a expensas de recibir el picotazo mortal de una paloma hambrienta o ser víctima del zarpazo de un gato juguetón y avieso; o quizá, a sucumbir aplastado bajo la suela de un zapato que dibujaba la prisa del hombre en un paso a ninguna parte.

Me voy a la cama, compuesta y con la lechuga en la mano, que me he comido a bocaditos, un poco triste pensando que se ha ido sin despedirse. Imagino a mi caracol desplegando libre sus antenas dirigidas al infinito, y confío en que su estancia en la maceta de mi terraza le haya servido para tomar fuerzas y renovar su camino con destino a la próxima estación de la vida a la que se dirige. Durante los días que habitó mi terraza la vida inesperada hizo de las suyas, llegó sin pedir permiso y se fue de igual forma, sin atender a razones, sin otro compromiso que no fuera columpiarse en el tiempo y navegar por las estrellas. Espero haber sido para mi caracol aventurero una buena anfitriona, y que, en mi casa y con mis atenciones se haya sentido como en la suya propia. Al fin y al cabo, la misma bóveda del Universo nos acoge y el mismo misterio palpitante nos habita fraterlamente en el Cosmos.

martes, 17 de julio de 2012

LA RENUNCIA DE LOS FUNCIONARIOS A LA PAGA DE NAVIDAD.

Dice el Ministro de la pela impositiva Sr. Montoro, que los funcionarios del Estado han renunciado a la paga de Navidad, que inmolan el turrón de casa en aras a la mejor cura del déficit patrio. Podría deducirse de sus palabras que, efectivamente, les han dicho a los Reyes Magos que este año pasen de largo, sin detenerse a depositar el regalito para los niños, que estarán encantados de ser la engordadera de las cuentas bancarias llenecitas de ceros, de la casta política metida hasta la cocina del hogar de los funcionarios. Solo queda que aconsejen en el BOE, para la cena de Navidad, la inefable sopa de ajo con la que los pobres españoles han venido dando gracias a Dios por seguir vivos y míseros durante décadas.
Yo lo de la renuncia, francamente, no lo veo por ninguna parte, más bien todo lo contrario. Lo que mis ojos ven es que los funcionarios están cabreadísimos; que por su boca no salen lindezas hacia el Gobierno sino improperios e insultos variopintos, ingeniosos y críticos eslóganes de manifa que no tienen otro objeto que mostrar el profundo aborrecimiento que sienten por este Gobierno y por sus decisiones, por los recortes, que ahora llaman eufemísticamente “ajustes”. A los funcionarios les llueve sobre mojado. El Gobierno socialista-progresista de Zapatero y Rubalcaba, ya hizo de las suyas con su salario, y les atizó una bajada salarial mayúscula. Bien es cierto que prorrateada mes a mes, para que cuando llegaran a Navidad la merma ya se hubiera producido. Es decir, los socialistas aplicaron el tajo-solidario poquito a poco, mes a mes, para que fuera más fácil de digerir, por lo suave, a la chita callando, a lo que los sindicatos de clase, como les gusta llamarse, también socialistas y comunistas protestaron al jefe Zapatero un poquito. Lo justo para que no se dijera que le hacían el caldo gordo al Gobierno socialista que les había puesto en casa con unas subvenciones sustanciosísimas, mimando a decenas de miles de millonarios entrenados en la pancarta y en el no pegar ni golpe, en fin, mamandurrias varias a tutiplé, que le daban señor Méndez para lucir los pelucos fashion de n-mil euros con los que tenía en morro de presentarse en los mítines proletas, y al señor Toxo de Comisiones para irse de vacaciones con la parienta en lujosos cruceros símil de la vieja serie de Tv, Vacaciones en el Mar, que ponía los dientes largos a los españolitos que no habiéndose quitado de todo las alpargatas ni desprendido del pelo de la dehesa, se tomaban los huevos fritos de la cena contemplando lo relimpio que estaba todo a bordo de aquel lujoso hotel flotante, en el que las chicas debían oler de un modo especial y al capitán le sentaba requetebién el siempre impoluto uniforme.

Con todo, lo del ministro Montoro es que no tiene un pase, sobre todo en lo estético. ¡Mira que calificar el birle de la paga de Navidad como renuncia¡ No se le ocurre ni al que asó la manteca.. Y, claro, el funcionario que está igual de quemado que escuálida es su nómina, le ha terminado de sacar de las casillas en las que malamente estaba contenido. Parece que por el recochineo no está dispuesto a pasar; que además de haberle convertido en …., no está dispuesto a poner la cama y, ahí le tenemos, ocupando la calle, vociferando, insultando y perdiendo los modales, que parece un minero recién llegado de Asturias patria querida, pero sin misiles que lanzar a la Guardia Civil, sin jubilación a los 45 raspando, y sin pensiones de 3000 euros. Pero, en el asunto de los malos modos callejeros, cada día se parecen mas, desgraciadamente.
El Ministro Montoro a anunciado en el mismo día, la desaparición de los días por asuntos particulares que disfrutaban los funcionarios. Dice, que quiere que la Función Pública se asemeje en su funcionamiento al sector privado, y empieza, ¡que curioso¡, con la supresión de los famosos “moscosos” para “cortar con los privilegios, como se dice en la calle. Por supuesto, no explica el ministro ni lo explica nadie, que esos días tienen su origen en la por años, lustros, de congelación salarial…, es decir, que mientras en España se firmaban sustanciosos incrementos de sueldos en “la privada” regida por convenios colectivos año a año al alza, los funcionarios veían adelgazar su nómina, a cambio de algún día libre extra, que le salía más barato al Estado. Eso si, para su disfrute, debían tener acumulados mogollón de años de antigüedad y trienios. Los funcionarios de reciente entrada, nastideplasti, esos, tiran con sus días contaditos por asuntos particulares como todo hijo de vecino.
España lleva lustros soportando unas Administraciones infectadas de intrusos politicastros, de asesores, consejeros, contratados, cargos de libres designación… que nutren los Departamentos Ministeriales por centenares; han crecido como setas miles de empresas públicas donde han encontrado acomodo en puestos millonarios políticos venidos a mas y venidos a menos, nutridas por personal que solo ha tenido que pasar por el dedo benefactor del partido político interesado en hacerle un hueco en el chiringuito. La Administración está horadada como un queso gruyere por ávidas termitas políticas, devoradoras del presupuestos en tarjetas oro, gastos de representación, asistencia a consejos, viajes, coches oficiales, prebendas de toda naturaleza, y por sus clientelas ciudadanas que se acercan boqueando al pesebre, estómagos dóciles y agradecidos; votos cautivos. Esta casta política que pudre las entrañas de las Administraciones, ha cultivado, promocionado y alzado a puestos de responsabilidad a los amiguetes, colaboradores comprometidos con la causa del trinque, utilizando su capacidad de actuación arbitraria, la voluntad del señorito…escudriñando hasta encontrar a los más pelotas, usualmente los mas ignorantes, ineducados advenedizos. Son sobradamente conocidos de casi todos; los vocacionales que entran en los despachos de cubito prono, además poseedores de la condición indispensable, de no haber pasado una oposición en su vida (me refiero a las “generales”, en competencia libre con ciudadanos corrientes), esas pruebas publicas y multitudinarias, que convocan a miles de opositores y seleccionan a solo unas pocas decenas para un puesto de trabajo de funcionario público. Buscan, los politicastros encumbrados en el machito, al servil, al maleable, la neutro, incoloro e inodoro, que igual sirve para un teje que para un maneje, cuyo objetivo se circunscribe al incremento en la paga de productividad siempre graciable, en manos del jefe, o incluso, del jefecillo; aquellos que la única Ley que llevan bien aprendida es la ley del silencio: ver, oir y callar y la única pregunta que formulan con claridad meridiana es ¿Qué hay de lo mio?.
En este contexto, a ver quien le pone el cascabel al gato, es decir, mucho cuidadito con irse de la lengua, que todo se sabe, y toda precaución es poca. La famosa ley de los tres monos, el sordo, el mudo, y el ciego, ha sido interiorizada hasta los tuétanos entre los funcionarios. Así, todos callando, todos tragando y todos otorgando. El campo no puede estar mejor abonado para la corrupción, la arbitrariedad y sobre todo, la impunidad. Consecuentemente también, para la estigmatización y la indefensión, del trabajador funcionario.
No se si el Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas tendrá en la sesera alguna idea al respecto de cómo meterle mano al espinoso asunto este la Estructura de la Administración Pública en materia de personal, o si todo lo que se lo ocurre va a ser a quitar la Paga de Navidad y los días de libre disposición , que comienzan a ser significativos cuando se llevan mas de veinte años trabajando para la Administración, es decir, que disfrutan mayoritariamente los abuelos, a los que les queda, como quien dice, dos telediarios para la jubilación, y que les dedican a cuidar de los nietos en vacaciones de Navidad, precisamente, cuando los hijos están trabajando.
Oyendo lo que se oye, la pedrada en toda la crisma de los funcionarios en forma de birle de la extra, viendo lo que veo y oyendo lo que oigo a mi alrededor tiene mucho que ver con la carnaza. Quiero decir, con echar al ruedo de la opinión pública en forma de castigo ejemplarizante a los funcionarios, los higadillos que la fiera popular pueda devorar para satisfacer su depresión. Casi seis millones de personas sin empleo son cada día mas difíciles de controlar, y con este panorama, los funcionarios que detentan un trabajo estable, son para gran parte de la ciudadanía un dolor de cabeza adicional difícilmente soportable. Bien es cierto que la neuralgia que les aqueja no tiene nada que ver con los trabajadores funcionarios, sino mas bien con la envidia que siempre es de color diarrea como la hiel. Sin embargo para demasiados no hay mejor calmante que la desgracia ajena, y para eso están los funcionarios, que como chivo expiatorio no tienen precio.
Así que el mismo dia que el gobierno anuncia el rejonazo de la subida del IVA a los ciudadanos, se descuelga el Gobierno con que los funcionarios han renunciado a su paga de Navidad,;que risa tía Felisa, ¡pero que cosas tiene D.Cristobal¡.
Me decía hace un momento, un amigo funcionario, con misión, vocación y trabajo de enseñante…¿pero que podemos hacer? Bueno, en mi opinión, ninguna de las acciones que pudieran llevarse a cabo deberían tener nada que ver con las propuestas que los sindicatos llamados de clase realicen en este momento a los ciudadanos. Los sindicatos de izquierdas UGT y CC.OO, han sido participes por acción y por omisión del mantenimiento de las estructuras corruptas de la Administración del Estado, fundamentalmente durante los últimos años, sosteniendo a un Partido Socialista que ha dejado absolutamente en la quiebra a España, hipotecada, endeudada con los acreedores extranjeros, que ahora, nos exigen afrontar nuestras responsabilidades y pagar. España tiene que pagar lo que debe. Esta es la realidad y no otra.
Al gobierno popular le corresponde administrar la ejecución de ese pago y esa responsabilidad es toda suya. Debe decidir cómo y de donde, va sacar el “dinero” que España tiene necesariamente que devolver. Francamente, no tengo la menor confianza en que el gobierno que dirige Rajoy tenga intención ni capacidad para afrontar con valentía esta tarea. Su actuación desde que está en el poder hace siete meses me induce a pensar que esta completamente sobrepasado no solo por la situación, sino sobre todo, por su incapacidad para generar ilusión y credibilidad en los ciudadanos, por la ausencia de medidas innovadoras y renovadoras tendentes a limitar el Estado hipertrófico que esta ahogando a la ciudadanía a la que debería servir.
Rajoy ha tomado medidas que mas que de recaudación podrían calificarse de rapiña, en lugar de abordar la poda de las estructuras de poder que, como sanguijuelas, se nutren de los cada de vez mas escasos recursos económicos de los ciudadanos corrientes. Apropiarse de la paga de Navidad de todos los funcionarios públicos es solo botón para una muestra del estilo que impregna su gobierno.
Los funcionarios de carrera de nuestro país, han pasado durísimas oposiciones; han dedicado muchos años de su vida a formarse primero y luego a competir en igualdad de condiciones con miles de personas, para que los principios del merito y la capacidad, marcados por nuestra Constitución como principios rectores del acceso a la función publica, fueran una realidad en el acceso limpio y digno a un puesto trabajo, cuya estabilidad está enfocada al cumplimiento de su obligación legal por encima de cualquier otro interés. Estabilidad en el puesto de trabajo que debería redundar en un servicio ejemplar al ciudadano. Todo lo que sucede en el ámbito de la Administración de Estado, que no se ajuste estrictamente a estos principios, cada uno de los abusos, de las actuaciones impropias, de los comportamientos indeseables que se producen en el ámbito laboral de la Función Pública es directa responsabilidad de aquellos que tienen la obligación de velar por el cumplimiento de los deberes y obligaciones de los empleados públicos, de hacerlo con estricta adhesión a la equidad y la legalidad. Cualquier actuación que no se ajustara a estos principios deberían ser sancionados con toda la contundencia que fuera necesaria, con mas intensidad cuanta mas responsabilidad sea la que se ostente.
El gobierno de Mariano Rajoy ha optado por machacar a los funcionarios de carrera, pero ha declinado, por ejemplo, eliminar las decenas de miles de empleos públicos nacidos del enchufe, de mangoneo, de la trampa y del cambalache, que no son funcionarios de carrera, o que se han funcionarizado mediante directrices políticas interesadas que nada tienen que ver con la igualdad, el mérito y la capacidad. Este mismo Gobierno está dejando en la indigencia a los funcionarios más humildes, mileuristas publicos, mientras mantiene las subvenciones multimillonarias a los partidos políticos, sindicatos, organizaciones patronales, altos cargos de empresas publicas, consejeros, asesores …; mientras sigue permitiendo que los políticos de las taifas autonómicas despilfarren sencillamente, como les venga en gana.
Rajoy ha decidido dejar sin el turrón este año a los funcionarios públicos, y con ello, se ha calificado a si mismo, ha quedado retratado con toda nitidez y permite aventurar cual va a ser el recorrido de este Gobierno que está dispuesto a casi todo para que todo se mantenga lo mismo. La casta es la casta. Ellos, los políticos son nuestro problema, sería ingenuo esperar de ellos la solución.
La superestructura del Estado fraccionada en una Administración General, Autonómica y Local no sirve a la Nación Española ni a sus ciudadanos, sirve a las elites políticas; a la ciudadanía la han convertido en el pretexto y el instrumento de sus desmanes y de sus abusos, fomentando en su interés el aldeanismo, falsas identidades, enfrentamientos y desafecciones al bien común, porque la casta necesita de infinitas instancias de poder ejecutivo y administrativo para perpetuarse. Cuanto mas poder tienen ellos menos libertad tenemos nosotros. Cuanta mas riqueza acumulen ellos, más pobreza habrá en los hogares españoles. Cuanto mas inamovible sea su autoridad menor será nuestra seguridad y la estabilidad de nuestro progreso. Estas son las reglas del juego en el que siempre perdemos los mismos. Bien es cierto, que nosotros elegimos a nuestros dirigentes, incluso, les renovamos nuestra confianza revalidando su poder, gratuitamente, como se le otorgó con el segundo mandato al socialista de Rodríguez, el hoy feliz contador de nubes. En el pecado tenemos nuestra penitencia.