jueves, 26 de mayo de 2011

OKUPAS EN LA PUERTA DEL SOL. 15-M



Siguen en la plaza, y ya van más de  10 días que los “indignaos” han plantado sus reales en la Puerta de Sol de Madrid. Se lo han montado con modelito a medio camino entre comuna y poblado chabolista, y por la tarde-noche hasta la madrugada es un mix de feria veraniega y botellón urbano, aunque, me dicen que “la organización” no ve con buenos ojos el consumo de bebidas alcohólicas. Con buen criterio han debido considerar que podría resultar un pelín desagradable el acumulo de potas pestilentes, al uso de lo que nos tienen acostumbrados en otros lugares de ocio joven y popular, que dejan los portales, aceras y demás lugares donde los vulgares ciudadanos transitamos para ir a nuestras casas o a nuestros curros, o a la oficina del paro, que no hay quien donde poner los pies sin recibir por los sentidos, el olfativo sobre todo, las miasmas efervescentes y estomacales de los jóvenes que deciden ponerse primero ciegos y luego bizcos de vomiteras, meadas y hasta cagadas, con perdón, en la vía pública por no hablar de los residuos de latex impregnados de fluidos corporales que como setas crecen los fines de semana en nuestras aceras en la madrugada. Pero vamos a lo de la sentada, más bien acampada, mayoritariamente juvenil de la Puerta del Sol.

Yo me había propuesto no tocar el tema, sobre todo porque lo de las acampadas no va conmigo, ni siquiera las montañeras tan saludables, dicen, desde todo punto de vista. Pero el rollo campestre no va conmigo, que le vamos a hacer. Soy una vulgar urbanita, hija del asfalto y usuaria de la polución atmosférica, y el oxigeno en demasía, me da mareo. Me produce algo así como el mal de altura que dicen las gentes del Altiplano, y me quedo pálida y con mal cuerpo, al tiempo que mi cara adquiere el tono nada favorecedor color de acelga. No es que no me guste la Naturaleza, no.

Adoro la vida en el mundo de los animales y de las plantas, y no puedo ver un esqueje de geranio sobre la acera caído de alguna terraza sin conmoverme con su desvalimiento y llevármelo a casa para darle una nueva oportunidad de futuro en alguno de mis tiestos. Por otro lado, a lo largo de mi vida he convivido en casa con, al menos un gato, lo que constituye un espectáculo privilegiado. Toda la fuerza de los mundos salvajes se oculta en las pupilas de los ojos de un gato, plenos de magia y de misterio. También he tenido perros desde casi el primer momento que me emancipe, de eso hace ya muchos años, porque a diferencia de lo que sucede hoy, tenía poco mas de dos décadas de vida cuando ya me la gestionaba con absoluta independencia del nido materno. Mis perritas, para ser mas exacta, me han permitido comprender la grandeza de la gratuidad del amor. Si, ya se que parece excesivo hablar de amor cuando nos referimos a animales, pero no se me ocurre otra palabra que mejor describa la gratuidad del afecto desbordante e inocente que el dueño de un perro recibe de su compañero peludo a cambio de casi nada. Ahora también recuerdo a mi pajarito Merlín, cojo de una pata durante años, al que le construimos una especial plataforma para que descansara de la fatigosa tarea de mantenerse sobre su única patita; mi humilde canario que me saludaba insistente y cantarín cada vez que me acercaba a su jaula para saludarle y decirle las cuatro tonterías que le encantaban, o cuando le limpiaba puntualmente su jaula, y renovaba el alpiste y poniéndole alguna chuche especial para pajaritos, de suculenta miel aderezada con deliciosas semillas. Mi canario cantor de mil músicas, que alzaba su voz de pío pío sin pudor alguno, unas veces barítono y otras tenor, por encima de las voces humanas, sobre todo las que emanaban de la TV como un tóston, lanzándonos a todos su mensaje inescrutable y feliz desde su jaula, como si de un púlpito se tratara.

Si, adoro el mundo natural.

Los paisajes marinos o de montañas rocosas, se me meten en el alma, y ahí se quedan, prendidos de mi y yo de ellos, y se que algún día les pertenecí, hace ya algunos milenios. Y, cuando me pasmo ante su imponente grandeza, algunas de mis neuronas se estremecen con el recuerdo que pernocta en la lenta e imparable evolución de la que formo parte y un escalofrío de terror me devuelve al tuétano mismo de la vida de mis antepasados y puedo imaginar como si los viera mismamente, que le arrancan a la Naturaleza, a fuerza de mordiscos y curiosidad, la supervivencia de mi especie. Si, la Naturaleza está ahí mas presente para mi, cuanto más ausente del asfalto que piso diariamente. A cambio, me queda la otra, su hija pequeña y delicada; la de las flores multicolores de las rosaledas, de las fuentes cantarinas; de las islas ajardinadas entre los semáforos, de los parques amables y frescos, en los que juegan los niños y se recuesta la vejez al sol, mirando como corretea una ardilla que acaba de saltar sorpresiva y llevada de alguna urgencia, en ese árbol que habita el Parque del Retiro. Ríos de naturaleza verde y frondosa serpentean mi amada ciudad, Madrid, donde anidan los gorriones y crecen pensamientos y azaleas, que reciben las caricias diarias de esos hombres vestidos con un mono verde, de rostros curtidos y manos expertas, que alimentan sus raíces y esculpen cuidadosamente los brazos cansados de los árboles preparándolos concienzudamente para que vistan sus mejores galas cada Primavera.

Si, amo la Naturaleza y tengo que confesar que no me gusta nada compartir mi comida con las hormigas ni con las moscas. Que quieren, una es así de milindres. Por si eso fuera poco, me encanta beber el agua bien fría en vaso de cristal fino, a ser posible, y comer en una mesa sobre su mantel con platos de loza o de porcelana. Además, me horroriza dormir a raso. No es porque las estrellas no me fascinen, o que la luna me sea indiferente, no, al contrario. El firmamento salpicado de luces en el firmamento es un espectáculo incomparable que me ayuda a transitar por el camino del silencio nocturno, hasta los rincones mas ocultos del alma y del recuerdo. En cuanto al sueño, no hay nada para mi como una cama blanda con almohada dúctil y mullida. Para otras cosas, acceder a un baño sin dar demasiados rodeos es condición indispensable que no estoy dispuesta a negociar a ningún precio. Por lo que se refiere a la compañía, tengo que decir que me gusta la gente, pero el olor de las personas con las que se roza mi piel prefiero elegirlo, a lo que debo añadir que la intimidad de la madrugada necesito tenerla a salvo de desconocidos, por si se me escapa del alma algún secreto. En fin, así las cosas, es fácil comprender porque no soy amiga de las acampadas ni “naturales” ni, muchísimo menos urbanas

martes, 17 de mayo de 2011

LA IZQUIERDA Y LA LIBERTAD, COMO EL AGUA Y EL ACEITE



El día 14 de marzo de 2010, hace apenas un año, en esta mi casa virtual, estábamos de luto. Embargada por la tristeza y llena de rabia, colgué en una de sus ventanas, un artículo titulado “Tres lágrimas por Cuba”. Acababa de conocer que el régimen comunista cubano había llevado hasta la muerte al ciudadano Orlando Zapata Tamayo, tras una terrible huelga de hambre de 83 días en protesta por las inhumanas condiciones carcelarias a que estaba siendo sometido. Se había perpetrado un atentado contra los derechos humanos verdaderamente repugnante. Orlando Zapata estaba muerto, y solo quedaba rezar por su alma y maldecir al régimen político responsable directo de su muerte. Denunciar al comunismo cubano, que ha convertido Cuba en un gran cenagal de dolor y de sufrimiento.

Ha pasado poco más de un año, y nuevamente el mundo ha conocido la noticia del asesinato de otro ciudadano opositor al régimen. Juan Wilfredo Soto García asesinado a manos de la policía cubana cuando se encontraba en un parque público. Los esbirros del régimen le mataron de una paliza. Con una impunidad escalofriante le esposaron, le inmovilizaron, y después, le mataron a golpes.
Cuba permanece hoy, en los albores del Siglo XXI, sumida en el terror bajo la bota del monstruo, mientras éste sigue alimentándose de la sangre de los inocentes, de los valientes hombres que no pueden dejar de ser libres sin dejar de ser hombres, en un lugar del mundo en el que, como siempre ha sucedido en los países social-comunistas, los seres humanos tienen la única consideración por parte del poder político de sujetos de adoctrinamiento y objetos de explotación. He visto en algún medio que Alemania ha pedido explicaciones al gobierno cubano sobre las circunstancias de la muerte de Juan Wilfredo Soto y poco más… La mayor parte de los países occidentales, sobre todo y fundamentalmente España, siguen dándose besos en la boca con ese régimen abyecto y cruel, con esa meretriz vieja y ajada, que apesta a descomposición, que sigue jugueteando lascivamente con los Organismos Internacionales, mientras babea la sangre de sus víctimas.

Recuerdo con vergüenza ajena, que en octubre de 2010, España abanderaba el acercamiento al régimen comunista cubano por boca de sus Ministra de Asuntos Exteriores. La señora Jiménez decía textualmente: "Cuba ha hecho innegables progresos en estos meses. Hemos pedido a nuestros colegas una señal, un cambio, en la forma en que la UE se relaciona con Cuba con el objetivo siempre de respaldar de una manera más eficaz sus procesos y sus reformas", abriendo la posibilidad de cooperación comercial y política con el Gobierno cubano. Doña Trinidad dijo todo esto, y algunas otras cosas más de semejante jaez, sin sonrojarse, sin avergonzarse, que para eso ya estamos los ciudadanos españoles que no somos de izquierdas, que sentimos la arcada en la garganta cuando vemos a nuestro país apuntalando la complicidad internacional con este régimen asesino.

La izquierda de la España de hoy, la que se entiende con Castro y con Chaves, con los hombres de paz de la ETA, sigue alzando el puño, públicamente, en la calle de todos, pensando que es suya, que le pertenece. Entona la Internacional, y lo hace, sin pudor alguno delante de todos aquellos que les quieran mirar. Hasta el Presidente Sr. Rodríguez Z. se vanagloria y autodenomina con el adjetivo de "rojo", y lo hace, como todo lo que hace él, con una sonrisa que a muchos nos da miedo. Siempre nos tememos lo peor, y siempre acertamos desde hace casi ocho años.

La izquierda de la España de hoy, reivindica orgullosamente su protagonismo en la Segunda República, de ferocidad insospechada contra todos aquellos a los que consideró sus enemigos que eran, al menos, la mitad de la nación. Falsas creencias de igualdad y de libertad que avivaron el odio más ardiente en las mentes más obtusas, en los estómagos más hambrientos y en los mas crueles corazones; condecora al hombre anciano al que la vida ya se les escapa de las manos pero cuyas pupilas siguen iluminadas por la llama del rencor y de la venganza. Manda callar, airado, sin contemplaciones, cuando se le pregunta ¿Por qué?, ¿Por qué también aquellos que solo eran unos niños? ¿Por qué? ¡¡“Estoy hasta los colgajos, contesta, de explicar “lo de” Paracuellos¡¡. No se atreve a ponerle nombre a lo que allí sucedió. Muchos lo sabemos, se llama, exterminio.

La izquierda de la España de hoy, se atreve a hablar de memoria histórica y lacera las almas de los todavía supervivientes a un gobierno republicano ideológicamente rojo y teñido de la sangre de  decenas de miles de ajusticiados por ir a misa o por ser de derechas, que venía a ser lo mismo. ¡¡Ah,  su memoria de la historia¡¡ que silencia las fosas comunes que son de los otros, y cuando encuentran en ellas a menores entre los cadáveres, despachan la cuestión diciendo eran hijos de los ricos… La izquierda que, implacable y embustera, oculta a la opinión pública la existencia de hombres y mujeres, viejos y jóvenes, abocados bajo su despótico poder a ser héroes o mártires, o simplemente, reos y condenados sin juicio, en un país sin democracia y sin ley. Que manipula y retuerce la realidad de manera torticera hasta acomodarla a su propio molde, contestada cada día con más contundencia por los datos y los hechos que con el paso del tiempo han adquirido naturaleza de históricos.

La izquierda en España de hoy, esta crecida y alardea de una supuesta supremacía moral que pregona a las cuatro vientos, y cuando disentimos, o nos oponemos a sus presupuestos sacrosantos y osamos desmontar el mecano ideológico que se ha construido, desvelando la falsedad de sus presupuestos teóricos, cuando airamos lo que consideramos sus abusos de poder, su manipulación de la justicia, el terrorismo de estado (GAL) practicado por su gobierno y que muchos no olvidamos porque puso a los pies de los caballos a nuestra endeble y joven democracia; cuando denunciamos la corrupción que ha socavado los cimientos de la vida política allí donde su influencia y poder se ha hecho más presente, su peligrosa capacidad para comprar voluntades y destruir a los discrepantes, entonces, nos llama derecha extrema o fascistas. Ponen en marcha la maquinaria del insulto y la descalificación, la marginación política y personal, llegando hasta donde sea conveniente, donde haga falta.

La izquierda española no soporta la independencia y le aterra la libertad. Porque en una sociedad asentada en principios liberales, de ciudadanos maduros y emancipados del poder político, cuya razón de ser y de estar no fuera otra que la de estar al servicio de una ciudadanía exigente y responsable, la izquierda española, digo, no tendría sillón en el que asentar sus posaderas, ni ámbito de lo público en el meter la mano habida cuenta de sus estrecheces intelectuales y de su escasa moralidad en la gestión de lo que es de todos, argumentando que aquello que es de todos, no es de nadie, como dijo la inefable ministra socialista de educación Sra. Calvo.

Por eso, por todo eso, frente a los deseos de libertad de los ciudadanos disidentes cubanos, no pierde ocasión de echar una mano al régimen comunista. La izquierda española de políticos de medio pelo, culturetas con vocación de clá y artístillos de quinta fila, lame las botas con entusiasmo de una de las más deleznables dictaduras vivas del planeta. Mientras los ciudadanos cubanos sobreviven como pueden en la pestilente, oscura y gigantesca cárcel revolucionaria, la progresía española enseñoreada de un glamour hortera y casposo, sonríe a la Habana, que es lo suyo.

La posición española en la política exterior del gobierno socialista español es una manifestación más de la ideología socialista, que por otro lado, no hace otra cosa que reproducir la actuación que viene manteniendo en política interior y que alcanza su máxima dimensión en las negociaciones llevadas a cabo con la ETA causando un terrible sufrimiento a las victimas de la organización asesina, y de vergüenza y rabia a los ciudadanos que consideramos que únicamente la mano de la Justicia y de la Libertad, es posible vivir en una sociedad digna de ese nombre.
Aquellos que pensamos que los seres humanos somos más que una especie natural; mas que una clase social, mas que un producto de ingeniería sociológica o cultural; aquellos que defendemos nuestra individualidad innegociable, innegable e inabarcable para ningún diseño de compás y cartabón, maldecimos, criticamos y denunciamos, cualquier fórmula política que humille al hombre, que pretenda arrancarle sus sueños, que amordace su palabra, que destierre a su dios, que destruya su familia, y le arrebate su propiedad. Nosotros creemos que no hay cárcel, ni castigo, ni cadenas, ni sufrimiento que pueda silenciar a un hombre libre, que pueda destruir su esperanza, por eso, muchos, no dejaremos de apoyar a los disidentes de Cuba, de Venezuela, de China, de Irán, de Nigeria etc… de todos los lugares del Planeta donde los derechos humanos se violan todos los días en nombre de regímenes políticos, (socialistas, comunistas, indigenistas…), y creencias religiosas totalizantes y excluyentes.

Y, volviendo la vista a casa, muchos, no dejaremos de acompañar, de comprender, de valorar, y sobre todo, de resistir, al lado de las víctimas del terrorismo de ETA. Denunciamos la actuación los gobiernos socialistas en el tratamiento del problema de terrorismo asesino que padecemos. No vale todo, ni antes aceptamos los asesinatos de los GAL, ni ahora, aceptamos los acuerdos y componendas con el grupo terrorista vasco. Jamás les perdonaremos ninguna de las dos cosas, las dos caras de una misma moneda con la que no pueden comprarnos. Somos ciudadanos libres y exigimos Justicia. Nada más ni nada menos.

sábado, 23 de abril de 2011

JUEVES SANTO. LAS LAGRIMAS DEL COSTALERO


Madrid, siete de la tarde del Jueves Santo. Una multitud se agolpa a las puertas del templo situado en la parte mas vieja de la ciudad, aguardando desde hace horas la salida del Cristo. Los más madrugadores han llegado de mañana, muy temprano. Se hacen con un hueco lo más cerca posible de la puerta que cierra el templo. Dicen emocionados que quieren verlo de cerca, y  que para coger sitio no queda otra que llegar en los primeros metros. Que en este Madrid hay gente para todo, y mucha, para ver al Nazareno en este jueves de muerte. Aquí llevan todo el día, a turnos para comer y para hacer cola, con ligeros asientos de playas improvisadas e imposibles, guardando cada cual su sitio, pacientemente.

El tiempo no acompaña. Se ha destemplado y el aire que sopla viene frío y desapacible. Se han encapotado los cielos de Madrid. Los telediarios hablan desde ayer de tormentas con altísima probabilidad de que sobre la capital descarguen fuertes aguaceros, pero la gente no hace caso,  y tozuda, ha venido de todos los rincones para acompañar al Nazareno. Que el Jueves Santo no es cualquier día,  que no podemos dejar solo al  Cristo la tarde del tormento.

Pasan los minutos lentamente dibujando la tarde. Las nubes color de acero  parecen a punto de desplomarse sobre las cabezas de los que aguardan con incertidumbre y con la esperanza menguada, la salida del paso. Un año ha transcurrido desde la última vez que acudieron a la cita como enamorados, urgiéndoles a sus ojos la mirada de las frías pupilas de la imagen  santa. Este año, han regresado nuevamente, buscando la mirada eterna del Cristo que desvela todos los misterios, que guarda celosamente los  secretos confiados, las promesas aferradas al arrepentimiento y la suplica silenciosa y avergonzada de su compasión.  Se dicen, unos a otros, que quizá no llueva  y salga el paso, y las notas del Himno Nacional alivien también este Jueves Santo,  el dolor del Cristo llevando en cada nota una oración y un ruego acuñado en esta Historia nuestra, castigada  y maltrecha,  disfrazada como una patética marioneta de calumnias y  culpables disimulos.

Dentro del templo están los hombres, vestidos de gala y  enlutados, para la ocasión triste y solemne. Una docena de hombres marcharan por la calles de la ciudad cargando a su Dios sobre los hombros, apoyado en la nuca, sujeto firmemente por sus brazos.  Algunos son muy jóvenes y  otros ya no lo son tanto. Listos, con el empeño anudado firmemente a la voluntad,  aguardan la orden de  salida por boca del maestro. Todo está preparado. Todo está punto. También el trono del martirio.  Centenares de rosas rojas a sus pies mecen el dolor del condenado en altar de dolor, donde la muerte se va tejiendo en cada paso hacia el Calvario.

En la calle comienzan a caer las primeras gotas y los paraguas se despliegan multicolores sobre las aceras. En solo un instante,  pareciera que la tarde fuera noche en este Jueves Santo del mes de abril mas allá de mediado, que ha perdido su luz. La  primavera se ha puesto también de luto.  El viento arrecia y las palomas inquietas zurean atolondradas, revoloteando ruidosamente para cobijarse de la lluvia en los aleros de los tejados de edificios cercanos, desde donde observan a la muchedumbre, indiferentes y ajenas.  Los costaleros levantan sus ojos al cielo desolados. No saldrá el paso. No pisará las calles de Madrid a hombros de los que le aman tanto.

No. El Cristo no saldrá en la procesión este Jueves Santo.  Llueve a mares sobre Madrid.

Los viejos muros del templo escuchan los sollozos. Lloran los costaleros. Se abraza y lloran, sin vergüenza y sin pudor,  y como los niños se derrumban afligidos ante la mirada doliente  de un Dios coronado de espinas y abandonado.  El más joven, quizá no haya cumplido los veinte años,  se mantiene  amarrado obstinadamente a  su pedazo de madera. Los treinta centímetros de las andas del paso que le pertenecen y que se resiste a abandonar. ¿Quien acunará  tu dolor? - le dice al Cristo-  ¿Quién te prestará la fuerza, si no yo? ¿Quién te ayudará a llegar,  si yo no te llevo? ¿Quién…?

Un compañero, se le acerca,  con  ojos enrojecidos y apretados los dientes,  y le besa como a un hermano;  y le atusa el pelo, como un padre;  y le abraza como se abraza a un amigo, con todo el corazón, pero en silencio, sin palabras, como se dicen los hombres las cosas que son del alma.

Este ya no es niño, que es padre y peina canas hace ya hace algunos años, pero aún tiene ánimo para cargar con la pena del Nazareno, que es su propia pena.  Lleva un rato con la mirada puesta en el Cristo, piensa  que está tan solo y tan cerca,  que podría tocarlo con sus propios dedos a poco que estirara los brazos. Con una promesa guardada en  el bolsillo ha venido esta tarde, y con el orgullo de quien no ha pedido nada a nadie, ¡ni a Dios siquiera¡ Pero, las cosas han cambiado, y aún me quedan en casa los dos chicos y la pequeña, y aquí me tienes, -dice-  Cristo bendito, como una vieja pedigüeña pidiéndote un trabajo, de cualquier cosa, con el que salir de esta  pobreza que ha entrado en la casa para quedarse. Que la vida se me cae a jirones de las manos vacías sin el quehacer diario y hasta la honra he perdido, perdida la cuenta de los días vividos que llevo en el paro.

Un poco mas allá, con el rostro desconcertado y confundido, se seca las lágrimas con el dorso de la mano, un hombre de piel oscura y de rasgos extranjeros que denotan su origen en el  Continente hermano. Va para diez años que llegó a este país nuestro, él sólo, dejando allí a los padres, a los hermanos,   y a la mujer, con una promesa y un hijo en el vientre. Llegó para quedarse, a un mundo  donde las gentes también rezaban, como él, como los suyos,  en Español,  y eso, ya fue suficiente. Llegó con el ímpetu y la voluntad de ganarse el futuro a pulso y fuerza de sudor, como un hombre de bien, y quiso, desde un principio, estar muy cerca del Cristo Nazareno, el día de Jueves santo. Como lo estuvo en su pueblo, como lo estuvo desde niño, también su padre. Afuera, en la calle, sabe que esperan la esposa y dos niños orgullosos de verle llevar a Dios sobre sus hombros recorriendo las calles de una ciudad que ya es también la suya, que sabe a dulce de torrijas y a tamales. El hombre llegado del otro lado del Mundo, no está en el templo para pedir, que ha venido para agradecer; que, de todo lo necesario, ya tiene  y más, que pudiera haber soñado. Padre nuestro, -dice el hombre quedamente, rezando en su susurro-  bendito seas, que nos das el pan de cada día. Amén.

Ofrece sus manos a sus compañeros  y  encuentra en cada uno la mirada que devuelve en un abrazo con otro acento, en el que les dice: ¡Gracias¡.  Es un nuevo brote de la vieja tierra, el hijo encontrado del Nazareno.

Apoyado en el muro mas alejado del paso, un costalero lleva largo rato sin levantar los ojos del suelo. Nada tiene que ofrecer al Cristo, ni tan siquiera una promesa incumplida con la que pasar el rato que le resta de estar en el templo. El remordimiento madruga con el hombre cada amanecer y cierra en las noches sus ojos. Es el tormento la fuerza que arrastra su vida tras una culpa que parece eterna. No vengo a dar, pues nada tengo -le dice al Cristo inerte- . He venido a pedirte, ahora, que ya estas casi muerto, tu perdón para seguir viviendo. A cambio de nada, solo de mi vida, que nada vale, haz, Nazareno, el peor negocio de tu vida para salvarme y regresaré limpio el próximo Jueves Santo de la próxima Primavera; y acunaré tu dolor sobre mi espalda, sin un lamento; y lloraré tus lagrimas y pagaré mis penas. Ungido a tu compasión tropezaré para volver a levantarme… si tú me miras.

En la calle la lluvia no da tregua. La gente que aguardaba agolpada a la puerta de la iglesia, comienza a alejarse y se dispersa, y se desvanece haciéndose invisible en pocos minutos. Regresan a sus  casas cada cual con sus promesas y sus  ruegos secretos e inocentes, empapados de lluvia y de tristeza.  Los costaleros, también se han ido.

No queda nadie en el templo. Se ha quedado solo en el altar de gala bordado de flores que acompañan su agonía. En el silencio de la madrugada del Jueves Santo, Cristo Jesús, el Nazareno, recoge una a una, las plegarias de sus hijos más amados y en la oscuridad, abraza  dulcemente las almas de sus costaleros

jueves, 14 de abril de 2011

El VUELO DEL FAISAN. UN JUEGO DE TRILEROS CONTRA ALACRANES


Se lo pasaban bomba. Les vi hace un par de semanas en el Congreso. Estaba yo haciendo un zapeo por la TV, al tiempo que les daba cuartelillo a mis neuronas sumergida en el sopor de la sobremesa, cuando por casualidad fui a toparme con las carcajadas de nuestros próceres patrios, atronando en el salón de mi casa. Había pasado instantes inmediatos por los programas guarrillos de la caja tonta, esos que fabrican héroes de entrepierna y divas al peso del botox y de la silicona, de los grandes hermanos y cerebros licuados por la farlopa, y de pronto, sin previo aviso, aparece en la pantalla el Congreso de los Diputados. Compruebo que estoy en la 1, la del Gobierno, y están dando las noticias, el parte que decía mi abuela. Sus señorías de la bancada socialista palmoteaban, se miraban unos a otros divertidos, y se reían a mandíbula batiente. Vamos, que tenían montado el cachondeo  padre en la sede parlamentaria sus señorías.

Y me digo, ¿no tendrán de invitado de honor en el Congreso a Chiquito de la Calzada con su finstro acuestas? Cosas mas raras puedo recordar de nuestros políticos, y sobre todo, muchísimo más vergonzosas. Al fin y al cabo Chiquito es un humorista que se gana el pan haciéndonos sonreír, cosa muy digna y meritoria, mientras que otros personajes agasajados por nuestro Gobierno, solo generan en sus pueblos dolor y lágrimas y en mi, al menos, asco y vergüenza. Estoy pensando en Gadafi, Castro, Chavez, etc. Pero, no, el objeto de la chanza era un señor igual de bajito, igual de calvo, absolutamente peligroso y muy poco simpático, al que ningún finstro le colgaba del bolsillo. Por la solapa del traje, que siempre me recuerda a los enterradores de tiempos pretéritos, le asomaban unas rebeldes plumas y plumones de pájaro muerto, o a puntito e palmarla. El señor Vicepresidente Primero estaba desplegando todas sus capacidades para despelotarse del contrario, con un éxito rotundo entre los presentes. Da para mucho este personaje con aspecto de enterrador y olor a pésame. Dotes de comiquería no le faltan; gestos chirigotescos tampoco. Cuando se le pregunta por la cosa colorida, con pico y con plumas, va y se ríe con sutileza o se despiporra abiertamente, a carcajada limpia con toda la boca. Con la misma que miente. Su figurilla enclenque se agazapa esgrimiendo media sonrisa, o sonrisa entera, y pareciendo que esta dispuesto a dar cumplida cuenta y explicación, de con que y como se alimenta el faisán cuando vuela a ras de la mierda por las zonas del Norte, resulta que no suelta prenda, que se saca de la manga una bufonada, y se la echa en forma de respuesta parlamentaria en el comedero, a la clá hambrienta. Esta, exultante, con la expectativa asegurada de seguir llenado las tragaderas, reacciona alborozada, devorando ansiosa lo que va quedando de los despojos de la dignidad política del Parlamento, en tanto que jalean al gracioso, a su chistoso, pataleando y palmoteando, dando saltitos jubilosos en sus asientos parlamentarios.

¿Que quien le dio el chivatazo a ETA en el bar Faisán?. ¡Conteste a esta Cámara sr. Ministro de Interior¡, le insiste con paciencia vietnamita un oscuro diputado de la oposición, que tenazmente día tras día, semana tras semana, le plantea idéntico interrogante al Ministro responsable de la Seguridad de la Nación. Como respuesta, le suelta el señor Rubalcaba, una de tortilla y caña, que es la que gusta mayoritariamente a los españoles que les han dado mayoría de poder.

El diputado de la oposición, hasta ayer anónimo, como quien dice, está empeñado en que el Ministro cante y cuente a los españoles la verdad de lo sucedido en el bareto del Norte entre asesinos convertidos en cobrador del frac y un uniformado servidor del Estado con nombre y apellidos. Se han desatado todas las alarmas cuando se le pilla con el carrito del helao, respirando el mismo aire, pisando el mismo suelo, en el mismo instante en el que, oculto tras la puerta, el asesino recaudador del parné acude a llevarse el momio, el tributo pagado a ETA de los derrotados por la cobardía, de los que nunca podrán conciliar el sueño sin encontrarse con los ojos de los niños de los guardias huérfanos. Finanzas asesinas se tejen en el bar Faisán para comprar la muerte de los españoles, para vestir de luto a las mujeres perplejas y espantadas, y dejar a chicas tejedoras de sueños compuestas sin novio que le tienen yaciente por siempre, y frío para la eternidad desde que saltó por los aires su futuro en vuelto en lamentos, en la Plaza de la República Dominicana de Madrid, convertida desde entonces en un invisible mar de lágrimas.

martes, 8 de marzo de 2011

FRIA TARDE DE ENERO…CHOCOLATE CALIENTE

La otra tarde quedé con una amiga de toda la vida para felicitarnos la entrada del nuevo año, sobre todo por haber sobrevivido a las Fiestas Navideñas sin problemas estomacales dignos de mención y manteniendo el peso solo unos insignificantes gramitos ligeramente por encima del habitual. Después de alegrarnos mutuamente por lo estupendas que nos encontrábamos la una a la otra, entre risas y a abrazos entramos en una cafería de esas que todavía mantienen mesitas redondas de cálida madera, olor a café y a bollos recién hechos. Elegimos una mesa libre cercana a un gran ventanal desde donde podíamos disfrutar del trasiego abrigado de la gente, que con un frío que pelaba, iban y venían de la tarjeta de crédito a la rebaja, cada cual cargando en sus bolsas multicolores los trofeos arrebatados a la cuesta de enero a precio de ganga. Di un vistazo a mi alrededor y pude comprobar, como, curiosamente, la clientela del local estaba compuesta por un mujerío variopinto y desigual, solo alterado por la presencia de niños, alguno en su cochecito, que con sus madres o abuelas, componían el paisaje interior del recinto. Recordaba de alguna manera a aquellos clubes de comienzos del siglo pasado donde los hombres iban a leer el periódico, fumar sus cigarros puros, y echar la partida, si se terciaba. En este caso, el público no le daba a los naipes, sino al palique, y los cigarrillos habían sido sustituidos por churros, bollería fina y algún zumito de fruta en bric.

En la medianía de Enero aun se podían ver en el escaparate de repostería roscones de reyes para acompañar el café, decorados con frutas escarchadas y bañados en un rocío de brillante azúcar, que escondían en su interior las diminutas figurillas infantiles de la buena suerte . ¿Cómo resistirse a su flamante presencia en la vitrina compartida con el resto de deleitosos bollitos suizos, azucaradas trenzas, nevadas ensaimadas, dorados cruasanes, palmeritas de chocolate etc.…? El roscón, finalmente, se alzó con el triunfo, y ganó por goleada a sus competidores y nos pedimos dos porciones para iniciar la merendola. Por si fuera poco, en un alarde de gozosa imprudencia, renunciamos al café y nos apuntamos a sendas tazas de chocolate bien calentito, mientras nuestras bocas se hacían agua, dispuestas a pagar gustosas el precio en calorías que hubiera menester. Entre tanto, hacíamos firme propósito de enmienda y planeábamos semanas venideras de áridos platos de lechuga aderezada con gotitas de limón, especies compasivas del paladar, y algún que otro vegetal de compaña, mientras disfrutábamos divertidas de nuestro gastronómico libertinaje.

Estando en estas y para retomar el hilo de la amistosa e intermitente relación que mantenemos desde hace años, remitimos la conversación a la última vez que nos habíamos visto. Se trataba de una reunión celebrada en casa de una prima mía y también amiga suya, con motivo de su cuarentaytantos cumpleaños, tantos "tantos" que casi llamaban a la innombrable puerta de los cincuenta. Ambas conocíamos a la mayor parte de los allí presentes, con más razón en mi caso, porque eran, como ya he dicho, parientes míos.

De todos es sabido que el cotilleo constituye un solaz entretenimiento de los primates superiores, al que se dedican entusiásticamente con un estilo propio e inconfundible de expurgaciones de insectos varios, muestras risueñas de dientes, colmillos y molares incluidos, empujones e inocentes tocamientos, juegos al que te pillo, y estridentes y divertidos gritos. Los humanos, seres a la par sociales y asesinos, no pudiendo ser menos que nuestros parientes peludos, practicamos el arte del chismorreo sutilmente perfeccionado, habiendo alcanzando altas cotas de refinamiento hasta convertirlo, en nuestro caso hispano, en un deporte de práctica nacional en el que no hay rival que nos tosa. Dicen las malas lenguas guiadas de lamentables cerebros, que esto de hacer trajes a diestro y siniestro es cosa que hacemos las mujeres mejor que nadie y que es prácticamente consustancial a nuestra naturaleza femenina.

jueves, 30 de diciembre de 2010

2011…Y DICEN QUE NO SE VAN


Llegamos sin resuello al final del 2010, año aciago donde los haya para nuestro país, especialmente en el tema económico, pero no solo. Como los resúmenes anuales propios de estas fechas de final de diciembre son aburridísimos y más me inclinan a la depresión que a otra cosa, me he dedicado en estos días a darle un vistazo a los mensajes que nos han largado la noche de Navidad y días previos, los principales personajes de nuestro país. El Rey de España y el Presidente Rodríguez Z. en distintos momentos, se han dirigido a la Nación, para amargarnos la cena, uno en Nochebuena y otro casi en Nochevieja, a los que, gracias a Dios, todavía tenemos algo que llevarnos a la boca, porque a los otros, los ciudadanos que las están pasando canutas con la penuria que les ha caído, se la repampimfla lo que tengan decirles estos dos.

Por resumir, el uno, el Presidente de Gobierno, después de jugar con los ciudadanos a las mentirijillas durante sus largos y desgraciados años de gestión gubernamental y de encandilar los corrillos de los cronistas del reino diciendo que su altísima voluntad, respecto de si adelantará o no las elecciones, ya se ha decantado, es decir, que ya ha decidido si se largará en breve o querrá llegar hasta el final de su mandato, y que esta decisión ya la ha comunicado a alguien de su confianza en el partido socialista (¿ummmmmmm?) y esposa Doña Sonsoles. Está bien eso de que el Presidente le casque en sus ratos de desahogo sus decisiones personalísimas a sus amiguetes, o amigos del alma, que tanto da, y por su puesto, a su familia más allegada o más alejada, que también da lo mismo, lo que ya no está tan bien, es que mientras el deshoja la margarita de si me quedo si, me quedo no, aquí el personal este perplejo porque la gente de a pie que le pagamos el sueldo, entretanto, nos estamos recociendo en el caldo pasado de caduco, de sus inexplicables, ineficientes, incompetentes y lesivas ocurrencias gubernamentales.

En cuanto a D. Juan Carlos, Jefe del Estado, debo decir que no he escuchado en directo su intervención por la tele, porque tenía mejores cosas que hacer como jugar con mi perrita a su juego favorito de coger en el aire su juguete de nudos. No corren buenos tiempos con estos fríos invernales madrileños, que ponen el termómetro por debajo del cero razonable, para que los perros se ejerciten y solacen como les es propio en el parque. Así que hay que aprovechar el momento que surja adecuado para que estiren las patas, muevan el rabo, y tengan su ración de diversión perruna. Dio la casualidad de que a mi perrita Tussi le vino bien su rato de esparcimiento a la misma hora que el Monarca emitía su mensaje de Navidad, y claro, para mi, no hay comparación que resista entre lo que Tussi me dice con sus ojos, y lo que el Rey me cuenta de viva voz una vez al año que no hace daño (eso dicen…). Pero como, efectivamente, es la primera personalidad de la Nación, es decir, el Jefe del Estado, porque así lo dice la Constitución vigente, es imposible sustraerse a lo comunicado por D. Juan Carlos y todos los medios de comunicación recogen como noticia de primer orden su mensaje navideño, emiten sesudas opiniones al respecto, y aconsejan su sapientísima interpretación en auxilio de los comunes mortales, que como yo, osamos a tener ideas de cosecha propia regadas con el entendimiento que Dios nos ha dado, que quizá no sea mucho, pero si es el suficiente para andar por esta vida haciendo de ella, nuestro propio sayo. Ya se sabe, los liberales somos así, un poco díscolos y un poco irreverentes, pero de todo tiene que haber es este Mundo ¿o no?

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, yo creo que es verdad, y como no quiero que me suba la adrenalina más de lo necesario, y me apetece tomarme las uvas con optimismo y serenidad, he optado por limitarme a la lectura del texto del Mensaje navideño del Rey. Después de leer mas allá del tercer párrafo, comienza a sonarme la música y la letra de lo que llevo leído. Tengo la sensación de haber navegado por esta amalgama de descripciones, consejos, intenciones y alusiones con anterioridad a lo largo de estos últimos meses. Vuelvo al principio y verifico, por si acaso, que estoy en la página adecuada, no vaya a ser que el diablillo de Internet, me haya gastado la broma de situarme en la comparecencia de algún Consejo de Ministros. Pero no, es correcto. Lo pone claramente: Mensaje de Navidad de su Majestad. Así que, continúo con la lectura.

Sus palabras describen la gravedad de la crisis económica en España pero… ¡también en todos los países¡, y está siendo más larga de lo esperado; que se vislumbran signos alentadores de recuperación, vamos, lo de los archifamosos brotes verdes que ya nos sabemos; que las autoridades han tenido que llevar a cabo “reformas necesarias”; que juntos ¿…? debemos desterrar el desánimo; que tenemos que estar dispuestos a renuncias, entrega y sacrificios para salir de ésta, etc.; que debemos ser solidarios… También hay alusiones a lo de siempre: el terrorismo, las drogas, los logros nacionales en el deporte, etc. Empiezo a bostezar… Lo dejo.

Lo de ser un ciudadano corriente y moliente, ahora mas que moliente, demolido, tiene la desventaja de que no podemos mandar mensajes a nadie, ni al Monarca y al Presidente, ni siquiera al concejal de nuestro pueblo. Porque de ser de otro modo, les recordaría a ambos, pero especialmente al Monarca, que no es a nosotros a los ciudadanos a los que tiene que pedir sacrificios con arengas optimistas del todo infundadas. Es a los mandamases del gobierno cuyas leyes él sanciona y refrenda por mandato constitucional, a quien debe pedirles cuentas si el bienestar de su pueblo le interesa lo más mínimo, como no pongo en duda ¡faltaría más¡. Cuando nos dice el Rey que no caben actitudes egoístas, individuales o colectivas y que debemos ser solidarios y responsables, estoy segura de se le debe haber pasado por alto que los españoles, millones de ellos, como los funcionarios y los pensionistas, ya hemos hecho un inmenso esfuerzo por la vía de la imposición gubernativa del Real Decreto, sufriendo subidas del IPC del 2,3% y bajadas de nuestros sueldos del 5%, o la congelación de las pensiones misérrimas con las que malviven centenares de miles de ancianos. En cuanto a la solidaridad, por lo que se ve, tampoco el Monarca debe tener conocimiento de que la sociedad civil y sobre todo los cristianos españoles, ya nos hemos organizado, y mantenemos abiertos decenas de comedores sociales a lo largo y ancho de todo el territorio español para que decenas de miles de pobres e indigentes tengan un plato de comida. Se trata de personas que no son víctimas de la marginalidad sino pobres a la nueva usanza socialista, familias de jóvenes y sus niños pequeños, arruinadas; ancianos que ya no pueden pagar la luz que nos acaba de subir un 10% más; inmigrantes sin trabajo llegados de medio Mundo, por la absoluta falta de responsabilidad de unos políticos incapaces de prever las durísimas consecuencias de una política de inmigración hecha a tontas y a locas, sin orden, sin planificación, sin el mínimo sentido común.

jueves, 16 de diciembre de 2010

ALARMA NACIONAL: CINCO MILLONES DE PARADOS


Diciembre se estrenó con subidón del IBEX, después de la agónica trayectoria que había seguido en los últimos tiempos. Parecía que el maléfico ente conjurado contra España, que se ha dado en llamar "los mercados", iba a dar un respiro a la maltrecha economía de nuestro país. Alguien pensará, algún estúpido sin duda, que eso de invertir en bolsa es cosa de millonarios despiadados, explotadores de la clase trabajadora, y especuladores codiciosos. No digo yo que en los entresijos del parqué bursátil, (desde hace tiempo mudado a una pantalla del ordenador), no se encuentren personajes con esas malévolas características, pero lo que si se, es que avariciosos, indiferentes e insolidarios, explotadores, defraudadores, envidiosos y codiciosos se encuentran en abundancia entre los míos, es decir, entre aquellos que como yo, apenas tienen donde caerse muertos, que diría el otro; sin embargo, se dan el lujo de insuperable placer de comentar con displicencia las llamadas de atención que hacen a su rumana de turno, que es que hay que atarlas corto para que no se te suban a la chepa, dicen con cara “a mi no me la dan con queso estas frescas”; por no hablar de los que se muestran orgullosos de meterle el un gol o todos los que sea posible a la Hacienda Pública año tras año, porque Hacienda somos todos, pero si podemos colgarle el mochuelo impositivo al vecino, mejor.

La vida cotidiana en lo que concierne a las reparaciones domésticas contiene todo un elenco de situaciones en las que se pone de manifiesto el inconmensurable morro del personal a la hora de defraudar al fisco. Pongamos como ejemplo el temible asunto de los enchufes que se desprenden de las paredes de nuestra casa casi con mirarlos; que sin venir a cuento, pegan un chispazo al enchufar la plancha y te dejan al borde del paro cardiaco con los pelos como escarpias, o que simplemente, poseen la misteriosa propiedad de ser perfectamente inútiles, es decir, de estar muertos en lo que a la conducción de electrones se refiere. En esos momentos tenemos la sensación de que hemos alcanzado el grado sumo de la inoperancia, es decir, nos sabemos unos inútiles redomados, máxime cuando nos comparamos con los manitas que pululan a nuestro lado (que de todo hay en la viña del Señor) y que se chapucean todos los arreglos que la casa necesita. Entonces, tomamos la única decisión que tenemos a nuestro alcance y recurrimos a un profesional del gremio, y aquí, comienza a desarrollarse el ejemplo paradigmático del escaqueo defraudatorio nacional

lunes, 8 de noviembre de 2010

¡¡QUE DIENTES TIENEN LOS TIBURONES¡¡


Leo en el blog de un amigo la entrada que titula “El Millas”. “El Millás…”, me digo, no caigo … hasta que un renglón más abajo constato que hace referencia a un artículo de este señor en un diario de tirada nacional que no frecuento; políticamente incorrecta, me siento orgullosa de ser de derechas, motivo por el cual mis lecturas van por otros derroteros, pero en este caso, he hecho una excepción y como mi amigo me ha facilitado el trabajo con su link directo al artículo “delmillás”, he dedicado un par de minutos a su lectura.
Se refiere en el mismo, a la fotografía de Zapatero reunido en Wall Street con los representantes de los principales bancos de inversión de EEUU, aseguradoras y fondos de inversión, dándoles cumplidas cuentas de las medidas de ajuste que su gobierno llevaba a cabo para lograr una economía competitiva …y bla, bla, bla…Seguidamente, y como me sentía derrochadora de moléculas de tiempo, me he tomado la molestia de buscar la fotografía a la que hacen referencia. A veces, me mata la curiosidad, y no quiero perderme la cara del Presidente enfrentándose a las fauces sedientas de sangre de los tiburones financieros. Es, ciertamente, un poema, pero de los malos. La sonrisa a la que nos tiene acostumbrados parece huirle entre los dientes, convertida más bien en el rictus extraviado de un orate.

El caso es que, según mi amigo, (y elmillás) resulta que nos han dado un golpe de estado financiero. Así, como que no quiere la cosa, han pegado un puñetazo encima de la mesa y han obligado a nuestro flamante presidente a cuadrar las cuentas de la Nación, que tenían a nuestro país en bancarrota, y que, además, resultaban altamente molestas, inconvenientes y preocupantes para los intereses internacionales, vamos, del mundomundial, del Universo entero etc., etc. Ha resultado finalmente, que de la conjunción interestelar, del gran acontecimiento de Zapatero-Obama a nivel planetario que nos confió enfáticamente en un momento inolvidable de ridículo sin parangón, no hace tanto la señora o señorita Pajín, los grandes jerifaltes de la cosa económica no han sido debidamente informados, y le han tratado a nuestro Presidente como a ese mal alumno que ni copiando en los exámenes llega al aprobado, y le tienen castigado sin recreo haciendo sus deberes, bajo la amenaza de ser expulsado de clase y mandarle al pasillo, donde hace un frío que pela, si no alcanza un mínimo nivel.

sábado, 2 de octubre de 2010

OCTUBRE, DE NUEVO EN CASA


Octubre. Ya estamos todos de vuelta. Dejamos atrás el verano que en un suspiro se ha vuelto pasado. Los días han comenzado a sucederse uno tras otro, ligeramente encorvados, y encaminan sus pasos silentes hacia el anochecer del año; han envejecido los días de repente. Sin darse cuenta, se acercan inexorablemente a un nuevo tiempo que llegará de la mano de los hielos y de los vientos; que dejará desnudos los árboles y yermos los campos; que arrancará los veridazules reflejos a las olas del mar. Arrastrará hasta las profundidades del océano los castillos dorados de arena, y las caracolas, que un día entre las risas y los gritos bulliciosos de los niños, reinaron en ellos.

Los pájaros de mi barrio no se dan por aludidos. Ellos, ajenos a todo este trajín del cronómetro implacable de la Eternidad, siguen a los suyo, que no es otra cosa que el saludo alegre cuando despunta el día; el jolgorio estridente y un poco enloquecido en el atardecer, que siempre me hace pensar que se lo están pasando en grande. Dice un vecino, que debe ser entendido en estas cosas de la naturaleza urbana, que tenemos plumíferos visitantes, más bien oKupas, venidos de otras latitudes nacionales. Vamos, que se nos colado por el morro en este Madrid donde parecen hacerse un hueco todas variantes posibles de humanidades errantes, especies de pájaros de exóticos colores, de tamaños y formas desconocidas en esta gran urbe. Los gorriones, esos pájaros diminutos, de sobrio de color y fortaleza de titanes, que llevan paseando nuestras aceras y habitando nuestros árboles desde tiempos remotos, supongo que deben contemplar con estupor a los nuevos, a los recién llegados. Me pregunto como se repartirán en esta familia de altos vuelos, cada vez más mestiza, el sustento siempre escaso, porque también para ellos, imagino, las habas son contadas. Entiéndase que contados deben ser los gusanos, lombrices, semillas, y demás viandas ornitológicas. Los imagino, buscándose la vida, como hacemos todos, como puedan. Empleándose a fondo en la defensa de su nicho ecológico, batiéndose el cobre como Dios les de a entender. Ciertamente, los mensajes de Dios a los gorriones den ser bastante frecuentes y sobre todo eficaces, porque ahí siguen desde siempre, desde que tenemos memoria, vestidos con la sobriedad que engalana su austera belleza, resistiendo con confiada y alegre despreocupación los abrasadores soles y amaneceres gélidos de este Madrid tan extremo en esto de las temperaturas, y tan orgullosamente radical en otras cosas.

Por lo que a mi respecta, el tiempo parece urgirme, meterme prisa. Impaciente comienzo a pensar que va siendo hora de guardar las camisetas de tirantes, las sandalias y la ropa ligera con la me he vestido en los últimos meses, y de recuperar de los armarios todas aquellas prendas que guardé no hace tanto. Cuando lo pienso detenidamente, elimino de mi decisión bufandas, ropa gruesa de abrigo, botas, cálidos calcetines, guantes, zapatos cerrados etc, porque los veintitantos grados de los que aún disfrutamos resultan letales para mi intención. Son las bromas a que ya nos tiene acostumbrados, San Miguel, el del veranillo, que cumple divertido la encomienda que Dios le tiene asignada lanzando sobre la ciudad sus calurosos dardos, y más parece que nos adentremos en junio que octubre.

Afanada en mi tarea, me meto de lleno en el trasiego de armarios y de cajones, y me lanzo con decisión y perseverancia encomiables al rescate de lo guardado con la llegada de la primavera; emocionada con el reestreno de estrenar lo estrenado varios inviernos atrás, y con renovado optimismo, me dispongo a vestirme para la ocasión y darle la bienvenida al otoño. Es un nuevo comienzo. Un punto y aparte. Meditados proyectos y sobre todo renovadas esperanzas empujan con fuerza para nacer, por abrirse paso entre lo cotidiano, lo vivido y lo ya sabido. Aún se mecerán mis voluntades durante algún tiempo, en los brazos cálidos de atardeceres cada vez más tempraneros, enredados entre los flecos livianos y algo ajados ya, de este último verano al que le digo adiós sin un ápice de nostalgia.

Mientras tanto, apuro las páginas finales del libro que me traigo entre manos. Es la última historia que he puesto en mi vida para pasearme por una realidad que ya es mía siendo de nadie. Es lo bueno que tienen las historias contadas y escritas, que cotilleamos en vidas ajenas sin que a nadie moleste, ni siquiera a nosotros mismos. Los personajes, protagonistas de esos mundos imaginarios hechos de carne inmortal, al contrario, viven ansiando el tacto de nuestros dedos sobre el papel inerte. Nuestras manos, ellos lo saben bien, son las depositarias de la sabia mágica sin la que solo son tinta negra sobre blanco, ecos mudos, voces silentes; aguardan impacientes la mirada de nuestros ojos, la impresión en nuestras neuronas de sus vitales aconteceres, y nosotros, nosotros sonreímos con sus ocurrencias, y nos dolemos de sus tristezas, asistimos con estupor a su violencia y a su crueldad, y nos enamoramos de sus ojos y de sus palabras, prendidos de sus vidas, enganchados a sus almas nacidas del sueño de su autor. Nos vestimos de ellos por un rato, y ellos, descansan, por fin plácidos, sabiendo que ya son nuestros para siempre.

Cuando llego a las postrimerías de la historia escrita, como ahora me sucede con “Mercado de Espejismos”, divertidísimo y desconcertante trabajo literario del maravilloso escritor gaditano, Felipe Benítez Reyes, y apuro los últimos reglones del texto en los que los personajes encuentran finalmente su destino, se que el círculo se cierra mágicamente, y todos ellos, con cada lector que les preste sus sentidos, comenzarán de nuevo su existencia girando en una eterna rueda del tiempo para renacer después de haber muerto y de haber nacido.

Con la escritura de los dioses creadores de mundos imaginarios, he paseado este verano de la mano de un pícaro de nuestra España del S. XVI, he vivido el terror de las víctimas de un de un psicópata sueco que vive en un mundo que es el mío; me he divertido muchísimo acompañando en sus andanzas a joven y promiscuo escribano en la ciudad de Aviñón, en el S. XIV; he redescubierto, en una estupenda novela de mi admiradísimo D. Benito Pérez Galdós, personajes inocentes y miserables, tiernos y astutos, que jalonan una España de la que aún, para bien o para mal, o para ambas cosas, sigue quedando lo mejor y también lo peor. Un país trufado de perdedores en el último segundo de sus vidas de celofán; de victimas indefensas de la envidia y de la codicia, donde los que transitan por los atajos polvorientos que conducen al poder, vestidos de bandoleros con chaquetas de pana o diseños de Versace nos están dejando
en paños menores y en alpargatas. Mientras tanto esta nación todavía galdosiana se chuta televisivas sobredosis de rubias de bote y digiere sin rechistar las ruedas de molino que sea menester.

Octubre. Un año ha pasado, prácticamente, desde que levante esta casa, enmipropionombre, de ventanas abiertas y rincones privados, cuyos pilares no son otra cosa que la idea hecha palabra. Nunca pensé que lo pasaría tan bien recorriendo sus largos pasillos y las miradas de las que apenas soy consciente. Cumplimos un año, mi casa y yo, y ya comienza a tener el color con el que la imaginé. Se ha vuelto con el tiempo calentita y amable, y cuando cruzo su puerta, y desde sus ventanas me asomo al mundo que me rodea, siento algo parecido a cuando siendo una niña muy pequeña, ponía mis pies en una banqueta y me alzaba sobre el ventanal de la casa de mis padres, para mirar curiosa la calle donde casi nunca ocurría nada distinto de lo que había ocurrido el día anterior, y sin embargo, solo el hecho de asomar mis ojos al espacio exterior me llenaba de una emoción inexplicable. Se trataba entonces, como ahora, no solo de ver sino mirar; no solo de oír, sino de escuchar. No solo de salir, sino de emerger y mostrarse.

No solo de perderse, sino encontrarse.

viernes, 13 de agosto de 2010

NEGOCIACION CON EL ALACRÁN

Día 11 de Agosto 2010. Leo la siguiente noticia en un diario de prestigio en la red: “Brian Currin confirma la existencia de una nueva negociación con ETA”. Una vez más el Gobierno que padezco (hablo en primera persona, porque “otros” sabrán si lo gozan o lo soportan como yo lo soporto), atenta directamente en la línea de flotación de mi dignidad como ciudadana.

Las imágenes de las decenas de miles de personas a las que tuve el honor de acompañar estos años de atrás en cada una de las convocatorias que la AVT llevó a cabo en defensa de la Memoria, la Dignidad y la Justicia de las victimas del terrorismo me vienen nítidamente a la memoria en este momento. Mi presencia en estas manifestaciones multitudinarias me permitió, en más de una ocasión, mirar directamente a los ojos de J. Antonio Alcaráz, observar el gesto de el agotamiento de su rostro, y su triste sonrisa. Los asesinos vascos asesinaron a su hermano del alma cuando él tenia 19 años, y a sus dos sobrinas, dos niñitas de tres años cuyo cuerpos saltaron por los aires destrazos por una bomba en el año 1987. Desde aquel día han transcurrido 23 años, durante los cuales Alcaraz ha luchado denodadamente para que el recuerdo de todas víctimas de ETA no fuera borrado de nuestra memoria.

He aludido al caso de J. Antonio Alcaraz porque me parece que encarna perfectamente el heroísmo que los que como él han resistido los envites, las calumnias, las presiones del aparto del poder. El Gobierno había valorado políticamente rentable la negociación con los asesinos y sus cómplices y estaba decidido a llevarla a término, incluso cuando fueron asesinados de un bombazo en el aeropuerto de Madrid los dos jóvenes inmigrantes latinoamericanos que aguardaban a recibir a sus familias. La complacencia de la mayoría del arco parlamentario con esta determinación es algo que en mi opinión, define con bastante precisión el estado de deterioro moral de nuestra clase política y de la ciudadanía que con su voto o con su indiferencia sigue manteniéndola en el poder.

La AVT desde el primer momento lideró la resistencia pacífica, la movilización de ciudadanos libres y solidarios con su dolor. Sabíamos que las víctimas lo eran por el único motivo de ser españoles, y que sus asesinos, secuestrando y matando a miembros de la fuerzas de seguridad, del ejército, de partidos políticos, jueces, periodistas, niños pequeños indefensos, ciudadanos elegidos al azar, etc. tenían como objetivo doblegar nuestra Democracia e imponer su voluntad a través de actos de terror, por eso, los millones de ciudadanos que asistimos una y otra vez a aquellas convocatorias exigimos del Gobierno socialista el cumplimiento escrupuloso de la ley y el ejercicio de la justicia para derrotar a la banda de asesinos que nos causaba tan terrible sufrimiento, sabedores de que es éste el camino y ningún otro, el que garantiza nuestra Libertad en un estado democrático. Lo hicimos sin transgredir en ningún momento ni una sola de las reglas democráticas de nuestra convivencia; defendimos con nuestra presencia la identidad de las víctimas como sujetos políticos imposibles de ignorar en cualquier hipotético escenario que tuviera que ver con su derecho irrenunciable a la Memoria, la Dignidad y la Justicia.
Hoy, constatamos, una vez más que el Gobierno nunca ha abandonado su interés en la negociación y que en las alcantarillas, donde los gusanos y las ratas tienen cobijo, se reúnen los hombres del Gobierno con los asesinos a jugar su partida, a llevar a cabo el intercambio de cromos que a los dos satisfaga. Los unos ponen sobre la mesa las lágrimas, los otros, las balas. Constatamos una vez más algo a lo que ya estamos muchos acostumbrados, a su pretensión de engañarnos, porque nos han perdido el respeto, porque no somos para ellos otra cosa que un saco de votos con que acrecentar su poder a costa de nuestra dignidad.

Negociación.

Los asesinos obtienen privilegios penitenciarios, reducen condenas y salen a la calle en regímenes semiabiertos. Traslados “discretos” a cárceles más confortables, chivatazos a los etarras de que van a ser detenidos que proceden de los propios ámbitos de la seguridad del Estado, detenciones de “oportunidad” y asesinos “en fuga” que muchos intuimos es consentida. Decenas de asesinatos llenan los historiales delictivos de algunos de los asesinos agraciados mientras el Ministro de Interior sigue negando la evidencia y el Presidente de Gobierno habla al país de los brotes verdes… Su profunda y radical obscenidad política es sobrecogedora.

La negociación de un Gobierno con una banda de terroristas asesinos es, en mi opinión, sencillamente inadmisible, incuestionable y debería ser inabordable en una sociedad sólida moralmente. Negociar implica mutuas contrapartidas, y, en este caso, no hay contrapartida que el Gobierno pueda ofrecer a cambio del cese de terror. Estas no son las reglas del juego en un Estado democrático. ETA es una organización terrorista que actúa con métodos de violencia extrema contra ciudadanos indefensos o en situación de absoluta indefensión. Los miembros de la banda son delincuentes peligrosísimos, infiltrados en nuestro entorno, silentes, y de una crueldad rayana en lo patológico, como hemos podido ver en multitud de ocasiones, como cuando dispararon a muerte a Ascensión en avanzado estado de gestación después de asesinar a su marido el concejal sevillano Alberto Garcia Becerril delante de sus ojos, o cuando sometieron al torturante cautiverio de meses a Ortega Lara en condiciones infrahumanas, o cuando asesinaron a Miguel Angel Blanco cuya autopsia reveló un inconmensurable sufrimiento previo a su asesinato, y como éstos podríamos seguir poniendo espeluznantes ejemplos del sadismo de la banda asesina. No. El tratamiento de hechos de esta naturaleza es en un país democrático la persecución policial, la aplicación con el máximo rigor de ley, y el cumplimiento estricto de las máximas condenas en la cárcel, sin paliativos posibles, y con el mayor rigor.


España, los españoles, no estamos en guerra contra ETA; de estarlo, los ciudadanos nos defenderíamos de otro modo. El Ejército español habría asumido la defensa de la nación y de sus ciudadanos. No estamos en guerra. El Gobierno, por tanto, no puede negociar la “paz” con ETA.
Las contrapartidas y exigencias que la banda de asesinos reclama no están en la esfera de las competencias que con carácter de “interinidad” este o cualquier otro Gobierno administra. La fragmentación de una parte de la nación española, la libertad de los asesinos o sus prebendas carcelarias, NO son atribuciones de las que el Gobierno pueda discrecionalmente disponer sin arrebatarnos a todos los ciudadanos en general y a la víctimas de los asesinos en particular el derecho a la justicia que nos asiste en un Estado democrático. Muchos jamás les perdonaremos, muchos de nosotros no lo consentiremos.

ETA debe dejar de matar porque la aplicación todos los mecanismos de los que dispone el Estado de Derecho lo haga posible y en esta dirección todos los esfuerzos que es Estado realice son pocos. Destinar recursos económicos y los medios más sofisticados, modernos y eficientes a las fuerzas de seguridad; medidas legislativas que drásticamente eliminen del escenario político la presencia de los terroristas y de sus apoyos, aislamiento internacional, persecución de sus actividades económicas vinculadas a ETA o a sus colaboradores, apoyo diáfano y sin ambigüedades a las víctimas de su barbarie…

Es fundamental en este sentido decir NO a la equidistancia que se pretende imponer entre las víctimas y sus asesinos o los cómplices de éstos en el tratamiento del problema del terrorismo en España y de la que son partícipes y responsables numerosas instituciones de nuestro país, comenzando por la Iglesia Católica que debería, pedir perdón y hacer propósito de enmienda, por su actitud ante el fenómeno terrorista de ETA, que nos llena de vergüenza a muchos católicos, ocultando durante lustros las palabras del Evangelio bajo el ideario independentista; partidos nacionalistas que recogiendo las nueces impregnadas de sangre del árbol doliente que ETA sacudía hacía caja en las elecciones; partidos nacionales comprando y vendiendo lealtades en el Parlamento Nacional a cambio de hacer la vista gorda cuando no asumiendo derivas nacionalistas periféricas cuya vocación separatista ha sembrado el desconocimiento, la manipulación y el odio a España y a su Historia; jueces y fiscales que en el ejercicio de sus funciones no han dudado en “arrastrar las togas por el barro” según sus propia palabras, si eso era lo que el momento político demandaba.

Ahora el Gobierno nos niega la evidencia, lo que los medios de comunicación difunden con descaro. Mañana, como esta película ya nos la sabemos, pretenderán vendernos su actuación deleznable como esfuerzos encaminados a conseguir la paz con ETA aunque se a cualquier precio.
NO. La paz no se negocia, se defiende. La Justicia que asiste a las victimas no está en venta ni puede ser el objeto de sus componendas con los asesinos. La memoria de los muertos, el sufrimiento por la perdida de los hijos o los padres, los días agónicos de hospital y de muerte no serán nunca moneda de cambio. La Nación Española no es su cortijo, y los españoles, al menos algunos, no nos alimentamos de bellotas. Que no se equivoque el Gobierno, ETA no es buena compañía para compartir la mesa, ni siquiera esa que anhelan de la negociación con la que esperan mantenerse sine die en el poder. Puede sucederle, además, lo que le pasó a la rana de la vieja y sabia fábula de Jean de La Fontaine, que dice así:


“… en la tierra de Shien-Lon, después de intensas lluvias un alacrán le dijo a una rana:-Oye, llévame sobre tu lomo hasta tierra firme... Si no me salvas, moriré ahogado... La rana miró al alacrán, dubitativa, y le contestó:-No... no puedo llevarte, porque si subes sobre mi lomo me picarás y moriré...-Anda, rana... ¡Sálvame! Prometo formalmente no picarte con mi aguijón...La rana asomó la verde cabeza fuera del agua y dijo:-No, no me fío de ti... Me picarás... Eres un alacrán...-¡No!! -respondió el alacrán- ¡No te picaré! ¡Lo juro!-¡Anda, sálvame! Y puedes tener mi palabra de honor de que no te picaré... pues si lo hago moriríamos los dos. Entonces, está bien - dijo la rana convencida por la fuerza del argumento del insecto - acepto tu palabra, pero lo haré con esa condición. Y así fue como el alacrán montó sobre el lomo de la rana y ambos se dirigieron nadando hacia la salvación... Y así, iban bogando, a través de aquel inmenso piélago interior, cuando de repente la rana sintió un fuerte dolor en la nuca… Era un dolor agudo, lacerante, adormecedor... Enseguida, comenzó a estremecerse... El veneno corría raudo a través de sus venas, paralizando los miembros y obnubilando los sentidos... La rana se dio cuenta de que el aguijón del alacrán había penetrado en sus carnes, inyectando el letal veneno...Ya, en el último instante de lucidez, alcanzó a musitar: -Alacrán... ¿Por qué me has picado? -La tierra firme aún está muy lejos, ahora moriremos los dos... Y mientras ambos se hundían en el agua, irremisiblemente, el alacrán alcanzó a decir:

-Perdóname... No pude evitarlo... es mi naturaleza.


Pues eso. Y es que me temo lo peor, que a la maldad que le es propia a nuestra clase política en general, sobre todo a la que hoy ponemos caras socialistas en el poder, se une la estulticia que caracteriza a este Gobierno; y lo peor es que cuando el alacrán le atice su inexorable picotazo a la rana, la muy estúpida nos arrastrará con ella hasta lo más profundo de las aguas. Quizá nos lo merezcamos, por habernos prestado a ser su salvavidas.

miércoles, 4 de agosto de 2010

EL OCASO DE UN REINO (I)


Érase una vez…un Reino en el que, hace ya muchos años, tuvo lugar un enfrentamiento terriblemente cruel entre su habitantes. Las madres sin posible consuelo lloraban a sus hijos que habían encontrado la muerte en los campos de batalla y los hombres que por designios del azar o de la Providencia conservaron la vida aunque fuera hecha jirones, regresaron a sus hogares con ese vacío sordo y persistente que se apodera de las entrañas cuando no es posible olvidar lo que la memoria, sin embargo, no es capaz de soportar sin hacerse añicos. Los niños guardaban en sus pupilas el rostro impenetrable del miedo que se arrastraba por las calles y los campos, surgiendo tenebroso en el polvo reseco de las calles, en las esquinas donde la tenue brisa del amanecer poco tiempo antes había acunado sus sueños y los de sus hermanos; pequeños hambrientos que aprendieron sin maestros a no pedirle pan al aire, porque al aire le había robado el alma la metralla, y era mudo y sordo, y solo… traía olor a pólvora, causando más sed y más hambre.

El reino se cubrió de escombros, de casa derruidas, de tejados convertidos en guaridas de minúsculos insectos sonoros e indiferentes. Los campos yermos se cubrieron de luto vistiendo únicamente las ropas de las amapolas teñidas de lamentos y heridas laceradas, de últimos suspiros; las margaritas nacidas en abril, crecieron deshojadas… me quiere si me quiere no, me quiere…repitiendo incesantemente los nombres de los enamorados muertos, yacentes en las cunetas y en las tapias de los cementerios, sellando los labios de las novias sin días de domingo que estrenar; secando sus bocas, huérfanas de besos y de promesas de amor renovadas. Novias enlutadas. Novias viudas.

La melancolía anegó las vidas de los habitantes de este Reino centenario. El triste recuerdo de los ausentes acudía puntualmente a la cita sobre todo a la hora de la cena, amenazando las noches con pesadillas y desesperanzas. Verdugos y victimas, todos y cada cual, portaban en su mochila de la vida la pesada carga de la del remordimiento y de la culpa, a veces, del arrepentimiento.

Pero la batalla había terminado, y sus ecos resonaban cada vez más distantes. Como siempre sucede, como acontece desde el principio de los tiempos, la vida se afanaba en su fecunda e imparable acción creadora, ajena por completo a las aflicciones estériles de los hombres. Los arroyos renovaron su caudal abrazando el agua derretida de las azules nieves, y a los niños nacidos les salieron los dientes, y los ancianos llegada la hora del adiós cerraron sus puños y entornaron los ojos para ser acogidos maternalmente por la tierra, a la que volvieron, finalizado su tiempo. Poco a poco se fueron extinguiendo los volátiles átomos de la pólvora y el aire recuperó el olor a tomillo y a romero, y a veces, a rosas; también a mar; también a olas.

En los pueblos y en las ciudades todas, se oía como un runrún, a unos decir que habían ganado la paz, y a otros, que habían perdido la guerra, pero todos sabían ya que no podían poner sus ojos en otro destino que no fuera un futuro compartido, porque los vientres incansables parían nuevos hijos a los que amamantar, y los hombres escuchaban en sus entrañas la voz imperiosa y eterna de la tierra caliente que aguardaba impaciente la herida del arado. La ciudad voceaba, urgiendo a la acción, su enigmática llamada colándose por las por las ventanas de los todavía maltrechos hogares. Los jóvenes imaginaban un destino lejos de sus casas, entre adoquines y farolas, al que no sabían si más temer o más desear, pero al que no podían ni tampoco querían resistirse.

Los habitantes del Reino hicieron una apuesta valerosa y arriesgada enfrentándose a la incertidumbre con la esperanza, dispuestos a derramar generosamente ríos de sudor salado y encallecido. El silencio acompañó sus fatigas jadeantes y vistieron los días con las madrugadas de trabajo. Acunaron las noches susurrando sus sueños y dibujaron las caricias antes de llegar al alba, en las grietas forjadas de trigales cosechados.

El deseo de paz se abrió paso imperiosamente entre los despojos dejados por la ira y el odio. No fue fácil, porque los ojos por mucho tiempo siguieron llenándose de lagrimas, y el Reino, continuó sumido por durante lustros en el silencio impuesto a sangre y fuego por el Jefe victorioso. Pero, incluso así, los niños recuperaron las risas y los juegos en las calles y las plazas, sin hacer distingos en el color del escudo de guerra de sus padres. Las mujeres y los hombres, consagrando sus fuerzas a levantar la casa y llenar los pucheros, tejían en las noches de verano hermosos y audaces planes para sus hijos. Hallaron los ciudadanos del Reino centenario, lugares de encuentro en los que compartir unas risas y estrechar sus manos entre fichas de dominó y partidas de tute crepusculares. Al olor de ladrillo y del cemento, en las fábricas, en los talleres de sueños, hombres y también mujeres, urdieron los mimbres de su presente ganado palmo a palmo al desaliento. Fueron maestros para sus hijos, y honra para sus padres viejos. Tuvieron que aprender con tesón, a confiar en la mirada limpia de su vecino, demostrando heroicamente que se necesita más valor para perdonar que para matar, e incluso, que para morir.

Con el transcurso de los años, el Jefe se fue volviendo débil y viejo. Ya solo le quedaba pasar a la Historia y cerrar los ojos para siempre. Un día de un frío mes de Noviembre, los habitantes del reino recibieron la noticia de su muerte, cuando solo los más ancianos guardaban el recuerdo lacerante del daño sufrido y el dolor infligido, en aquella terrible batalla cada vez más lejana en el tiempo en la que mataron y murieron con una ferocidad propia de las alimañas, pero sin su inocencia; con la consciencia humana que inevitablemente proporciona el sufrimiento grabado en la carne propia y en las pupilas en que se agota la vida de nuestro enemigo.

En aquel entonces, y con la desaparición del Puño de Hierro que había detentado el poder durante algunas décadas, fue posible romper el silencio. Aires y tiempos nuevos aguardaban para escalar por los peldaños de la Historia no siempre ascendentes. Palabras de cambio jubiloso recorría las ciudades y los campos. Los súbditos deseaban ardientemente convertirse en ciudadanos con voz y con palabra. Únicos dueños de su destino, reivindicaron la Libertad para trenzar sólidamente los cabos de su Historia que solo a ellos les pertenecía, y para que nunca mas volvieran las hieles de la traición y la Justicia fuera la garante de una Paz tan trabajosamente conseguida, los ya ciudadanos del Reino pactaron innovadoras reglas del juego. Redactaron las leyes que guardarían sus haciendas, garantizarían su Igualdad y protegerían sus vidas, su Libertad y la unidad del Reino.

El juego a jugar en las próximas partidas de la Historia, debería repartirse entre todos los ciudadanos en términos de igualdad y de libertad; este había sido su deseo claramente expresado en la puesta en marcha del Nuevo Orden. Acuerdo y discrepancia, serían los complejos elementos que regirían su convivencia, amparados por la palabra y el ejercicio de la Ley. Conflicto y enfrentamiento canalizados en el respeto al oponente, al disidente, al contrario, y la Libertad como eje rector de la vida en común. ¡Qué difícil ejercicio convivencia para un pueblo tan poco instruido en el albedrío¡

EL OCASO DE UN REINO (II)

Pasaron los años, nuevas generaciones reemplazaron a aquellos que vivieron la atroz batalla y a sus hijos, y a los hijos de sus hijos…Nacidas ya en la prosperidad y el progreso y seducidas por la experiencia de la inmediatez los logros y de los deseos, asistían con indiferencia a los crecientes devaneos del poder político con la riqueza, y de ésta con las togas de una Ley día a día maltrecha y postergada. Los nuevos ciudadanos renunciaron a cuestionar las actuaciones de la multitud de mediocres diosecillos, intocables y caprichosos, que se habían ido instalando en las más opulentas y confortables poltronas de la vida pública en las dispares vertientes del Poder a lo largo de las últimas décadas.

El juicio crítico aletargado por la pereza intelectual desapareció casi por completo de los foros de debate publico, y las consignas políticas reemplazaron a las ideas contrastadas en aquellos centros de opinión que debían alimentarse de la legítima discrepancia. Los dogmas sacrosantos de una pretendida Modernidad se horneaban como los únicos válidos presupuestos intelectuales y morales, incuestionables y listos para consumir por la ciudadanía sin decir esta boca es mía.

El Poder difuso y fraudulento llevo a cabo con admirable eficacia ejercicios sofisticados de propaganda antes ensayados con éxito en fórmulas despóticas y liberticidas en distintos momentos de la Historia en otros paises, disponiendo con maestría de los innumerables canales de comunicación que surcaban la estructura el tejido social. Los medios repetían como mantras las consignas que el poder político administraba con audacia, según el tiempo y la oportunidad, controlando la información y discriminando en beneficio propio hasta los testimonios más banales de la vida cotidiana.


El Nuevo Régimen se había configurado como una superestructura poder imperceptible y opresiva, de la que ya sería muy difícil escapar. Nacido en el progreso de las comunicaciones, en el desarrollo tecnológico y la bonanza económica, había convertido a sus ciudadanos en individuos dóciles y manipulables, acomodaticios e indolentes que renunciaban voluntariamente al ejercicio de su Libertad Critica, aceptando de buen grado una libertad minúscula e insignificante, domestica y tutelada al antojo de aquellos que detentaban la autoridad. Personajes de todo pelaje que ostentaban como sus rasgos más notables la mediocridad y la astucia se erigieron en los modelos sociales a emular, en arquetipos a los que hombres y mujeres, y sobre todo jóvenes contemplaban con fascinación creciente.

Los dioses de la espiritualidad, fueron abandonados; también sus credos. Los mandamientos regidores de la conducta moral de los ciudadanos se dictaron desde los centros de poder que procediendo al arrinconamiento de los símbolos religiosos. Al tiempo que se alentaba en la ciudadanía la negación de ancestrales verdades absolutas se implantaron con absoluta radicalidad, medidas de ingeniera social que contribuirían a reforzar un poder político cada vez más firmemente consolidado.
El Reino había sufrido una sutil, persistente y profunda transformación. La infantilización social producto de la uniformidad de las conciencias y la instauración del Pensamiento Único dio lugar a que las voces de las minorías inconformistas e insumisas de los escasos librepensadores que aún se no habían sido deglutidos por el sistema, fueran silenciadas sin necesidad alguna de recurrir a la violencia física; un calculado aislamiento, la ausencia de medios que pusieran eco a sus voz y su palabra, y el acotamiento eficaz de los espacios de libertad de expresión fueron suficientes. Los ciudadanos discrepantes se convirtieron de disidentes, expulsados de cualquier ámbito de influencia social se constituyeron en la vanguardia de una resistencia siempre amenazada. Entre tanto, el Régimen mantenía la apariencia de un modelo democrático en el que la paz social se presentaba al pueblo como la suprema y bondadosa aspiración de sus gobernantes.

La corrupción se extendió por las más variadas instancias del cuerpo social del Reino, alimentada por los ciudadanos que elegidos por el pueblo para el mejor y mas justo gobierno, repartían a su antojo riquezas y prebendas entre aquellos que les eran afines, negociando voluntades y poniendo precio a su lealtad. La justicia mordía el polvo doblegada por los hombres togados comprados y vendidos y la igualdad de los ciudadanos se fue muriendo lentamente como se mueren las promesas que olvidamos. Imperceptiblemente.

El Reino centenario se hallaba sumido en una profunda crisis, también de identidad. La creencia de que su Unidad era un residuo indeseable y pernicioso propio rancios tiempos pasados y caducos, fue introducida en la sociedad y difundida con carácter pedagógico en las nuevas generaciones, que crecieron en el desprecio, la animadversión o el odio a sus símbolos y señas de identidad. El proceso de adoctrinamiento en la disgregación, se produjo rápida y eficazmente liderado por un Poder cuanto más fragmentado más despótico. Los ciudadanos repudiando su pasado compartido, jaleaban ahora a los caudillos locales, que se envolvían como vulgares reyezuelos, ignorantes y autoritarios, en el manto tejido con la ostentación y la opulencia.

El Reino, indefenso, estaba a punto de extinguirse. Agonizaba sin estertores, calladamente; sucumbía al abandono de sus hijos, a la deslealtad de su Príncipe, a las mordazas impuestas a la palabra disidente, desamparado de la justicia, bajo el férreo yugo impuesto a la libertad.

EL OCASO DE UN REINO (III

Y en este punto y aparte, ponemos realmente el punto y final al relato de lo que aconteció en los últimos tiempos de la Historia de este Reino. No es fruto de mi deseo, ni caprichosamente es este el final que me hubiera gustado contar en estas páginas porque la parte romántica que vive en mi se duele con la tristeza de su pérdida, con el adiós que algunos, no demasiados, le dieron a la Nación de sus abuelos, a la Historia hermanada y reñida de de sus antepasados. No obstante, de nada serviría mi empecinamiento, y cualquier otro final hubiera sido sumar una traición más la verdad de lo que allí aconteció.

Pero he aprendido que la vida no se detiene, como tampoco la Historia se toma un respiro; incansable sigue el curso que trazan los seres humanos pero no únicamente ellos. El azar, la casualidad, el Destino, e incluso las fuerzas ocultas que se esconden en la psicología más profunda de las personas y de los pueblos, en demasiadas ocasiones han dado al traste con los pronósticos y predicciones más concienzudas sobre su futuro. Así las cosas, cabe plantearse que en las incógnitas que quedan sin despejar en el final de este cuento, se esparcen enigmáticos misterios que dibujan los puntos suspensivos de estas ultimas líneas, como jóvenes ríos de esperanza buscando serpenteantes y desorientados las azules aguas de los océanos interminables donde volver a encontrarse…

miércoles, 12 de mayo de 2010

LA HEGEMONIA DE LOS NECIOS


Desde hace tiempo vengo pensando que vivimos tiempos desconcertantes en lo que al ordenamiento social se refiere. Con perplejidad y con asombro que no deja de ir en aumento constato que son los mediocres, cuando no los últimos de la clase los que detentan puestos de incontestable poder en el mundo que me rodea; los más mediocres, y lo que es peor, los más malos.

Observando la naturaleza de los componentes de las elites sociales que marcan nuestro rumbo, vemos que no abundan entre sus filas hombres caracterizados por su capacidad, ni por su honestidad; por el contrario éstos están currándose la vida confundidos con el “paisaje”, como seres anónimos, invisibles e incoloros. No. Las cosas son de muy diferente manera en los tiempos que corren.

Si queremos identificar a aquellos que gobiernan nuestras vidas y nuestras haciendas, que están en la cúspide de la vanguardia cultural, que definen un estilo de vida y hasta de muerte, debemos dirigir nuestra atención a aquellos que ostentan el poder y han alcanzado el éxito social. Pero mucho más interesante y tambien más divertido es encontrarnos con aquellos que se encuentran justamente realizando la interesante tarea de su, llamémosla “auto-promoción social”. El abanico de personajes que se cruzan en nuestro camino es amplísimo, tanto por el ámbito en el que se desenvuelven como por la catogoria del éxito que han alcanzado. De manera que no es necesario estrictamente bucear en las vidas y actuaciones de personalidades de conocido renombre, sino que puede bastar con echar un vistazo rápido a nuestro alrededor para encontrar interesantísimos personajes “exitosos” a los que reconoceremos de manera casi inmediata por lo que constituye su rasgo distintivo, denominador común que comparten con los representantes de las elites a las que antes aludía, esto es su proverbial, ostentosa y relevante necedad.

Siendo ésta, la necedad, en mi opinión, la característica más sobresaliente del “prohombre” triunfador actual, no es, sin embargo suficiente. Algunas otras cuestiones se muestran como condiciones coadyuvantes e ineludibles para adquirir la condición y el estatus de personaje relevante. Entramos así, en la curiosa metamorfosis que se lleva a cabo en el seno de la sociedad de manera prácticamente imperceptible y sin embargo, auténticamente eficaz. Se lleva a cabo silenciosamente la necesaria demolición de los valores que hasta hace relativamente poco tiempo eran prioritarios para ganarse el respeto y el reconocimiento de los otros, como punto de partida de la conducta promocional. Cuestiones como la capacidad intelectual, la formación en el conocimiento, y sobre todo la honestidad personal, no sólo no constituyen un aval en la progresión de la escala social, sino que por el contrario, se muestran como un freno, una barrera, como un obstáculo para acceder a puestos de teórica responsabilidad y relevancia. Se aúnan pues, la necedad y la idiotez, entendida esta última tanto en la acepción que le daban los griegos a la palabra idiotés, cualidad (mas bien característica) de la persona a la que los asuntos públicos o sociales le traen al fresco, movida tan solo por el interés personal, e incapaz de ofrecer nada a los demás, como en la que encontramos en nuestra propia Lengua Española, definiendo al idiota como un engreído sin fundamento para ello.

Para no perdernos en el discurso es oportuno puntualizar que el necio no siempre es un estúpido, como el hombre brillante no es infrecuente que carezca de astucia. La posesión de habilidades y destrezas para engañar, para falsear (incluso para inventar) la realidad adecuándola a su interés siempre cambiante, la firme decisión de ejercer la manipulación que se demuestre necesaria, son condiciones imprescindibles para que el necio se acerque a su objetivo de ascenso en la escala social. No vaya a pensarse que el triunfo para el necio es asunto sencillo. Ayuno de los méritos la inteligencia y del conocimiento proporcionan, alimentar un ego desmedido con tan escasa proteína intelectual, únicamente a base de codicia y ambición, exige no poca determinación y firmeza.

Desde casi desde el primer momento en que nuestro necio vislumbra las distintas y limitadas alternativas vitales de las que dispone, procede inmediatamente a despojarse de cualquier principio o valor que pudiera ser óbice para llevar a cabo las imprevisibles actuaciones a las que se verá abocado en su durísima escalada por la pendiente ascendente de la vida en sociedad. Llevado del pragmatismo más rampante, convierte por arte de birlibiloque su ya probablemente debilitada y anémica conciencia y la rediseña como un folio en blanco, en el que irá trazando el mapa, en los colores que dicte la oportunidad, desde el rojo más intenso al azul mahón, de aquellos principios y valores que le convengan según qué circunstancias y que intereses toque defender, convirtiendo en el primer mandamiento de su conducta lo que magistralmente definió Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros”. El necio será capaz de defender una opinión y su contraria sin inmutarse, con aplomo, y sin despeinarse. Tendrá la habilidad de estar prácticamente siempre de acuerdo con unas tesis, y a la vez, con las tesis contrarias, contentando todos y no guardando lealtad a nadie, mientras que el entorno se va convirtiendo en un fértil patio de operaciones adecuadamente abonado.

Cuando la realidad se impone y parecen evidenciarse sus escasísimas virtudes o capacidades, ¿Qué hace nuestro necio personaje? El necio se ríe. Si, suele reírse, y bromear, mostrándose cercano, amigable, campechano e inocente. Que los demás parezcan un poco bobalicones suele ser para la mayoría de la gente más agradable que detectar en los otros una ávida inteligencia. Las masas perciben la necedad de los hombres famosos en términos de inofensiva y simpática inocencia, facilitando que aquellos que son aún mas estúpidos que ellos, se sientan confortablemente seguros y de algún modo identificados con el líder que ostenta una natural necedad. También aquellos a los que podríamos calificar como los “listos” pero carentes por completo de astucia, y lo que es verdaderamente importante, de principios, (que también los hay) entran en sus redes, negando al necio la categoría que se merece y con ella, la naturaleza peligrosa, que reconocen en su enemigo. El necio juega su baza, deja ver ligeramente la carta que lleva en la manga, en la manga que él decide, claro está, ocultando la baraja completa que esconde en su calcetín, y gana la partida a costa de los estúpidos y los listos, en ambos casos victimas de su propio amoral pragmatismo.

Día a día, considerado por unos “como uno de los míos” y por otros como “un pobre infeliz”, nuestro personaje se va abriendo camino, escalando peldaño a peldaño por la escala social, y cuando nos queremos dar cuenta, se ha convertido en un actor de renombre, un escritor de bet sellers, un modisto de fama, un periodista de éxito, un músico celebrado o un Presidente de Gobierno. Naturalmente todo este proceso no sería posible en nuestra sociedad sin la valiosísima complicidad de los indispensables mecanismos de transmisión que son los medios de comunicación audiovisual y sin contar con el respaldo de las fuerzas fácticas económicas. La diferenciación entre medios de comunicación y fuerzas económicas se plantea únicamente a efectos de explicación metodológica ya que en la practica constituye una redundancia. Los grandes medios de comunicación, salvo muy minoritarias excepciones, son activos en manos de los grupos económicos de poder, a la vez que clientes sumamente dependientes del beneplácito político en una economía profundamente intervenida como la nuestra. Cerramos, pues, el círculo de complicidades que arropan a nuestro necio en su ascenso social: la masa que lo erige en líder, la fuerzas políticas interesadas en participar del poder en sus múltiples formas fragmentarias, la incercia de las fuerzas ecónomicas siempre carentes por su propia naturaleza de valores éticos, y los vehículos de transmisión que constituyen los "mass-media".

Estos mecanismos algo complejos, se pueden sin embargo comprender sin dificultad, cuando nos fijamos en la paulatina conformación del “lidercillo” o vulgarmente llamado “vividor”, personaje que todos hemos podido conocer. Ese que de la noche a la mañana acumula ascensos, carguitos, bienes de uso común aunque ostentosos, en otro momento impensables y en todo caso, fuera del alcance de todos aquellos poseen iguales o incluso superiores meritos.

El necio, naturalmente, a medida que supera cada uno de los obstáculos en su ascendente trayectoria va acaparando mayores cotas de “poder” y/o discrecionalidad que como no podía ser de otra manera, constituirán la ración energética necesaria para llevar a cabo sus próximas actuaciones, con el objetivo de seguir avanzando por el camino tiempo atrás iniciado. El sentido de su acción se vuelve progresivamente más instrumental y más eficaz. La garantía de éxito más real. Estamos, por fin, ante un auténtico triunfador social.

El proceso descrito hasta aquí no pretende ni siquiera ser el esbozo de un paradigma. Es la descripción de un proceso, realizada con trazo grueso, a grandes pinceladas, y sin grandes pretensiones, que nace de la observación, simplemente, y en el que he constatado se desenvuelven numerosas personas de mi entorno personal, laboral, etc. La vida social, cultural y sobre todo política en España, ofrece en mi opinión, necios personajes, estos si paradigmáticos, a los que el “traje diseñado” en estas líneas, en mi opinion, les encaja con bastante precisión.

Si, creo que nos encontramos inmersos en la Hegemonía de los Necios, lo que francamente resulta muy poco edificante y desalentador. Podemos observar sus evoluciones, su conquista de espacios económicos, culturales, incluso religiosos. Podemos sentir su presión y el ejercicio de su poder en nuestra vida diaria traducidas en la limitación, coacción y liquidación de los derechos individuales, en la prevalencia de los privilegios de las elites, en la denostación cuando no persecución de profesionales, intelectuales u hombres de ciencia librepensadores; en la desigual aplicación de la Justicia cuando no en su abierta corrupción; en la connivencia escandalosa entre el poder económico y el poder político, y a su vez, entre este último y una pretendida y vergonzosa intelectualidad que ha renunciado abiertamente al ejercicio de la critica rigurosa que le es propia, de lo social y de lo político.

El transcurso del tiempo en el ejercicio de esta Necia Hegemonía podemos ver como pasa factura en la formación de los más jóvenes, en su instrucción, en su incompetencia intelectual y en su conformación humana desde el punto de vista ético, con la implantación de mecanismos educativos desde la primera infancia que promueven el relativismo cultural y la promoción de los no-valores en nuestras escuelas. El adocenamiento acrítico, la mansedumbre social, la amoralidad valorativa son los instrumentos indispensables para el mantenimiento del poder hegemónico de los necios. Ellos lo saben bien.

Nosotros, algunos de nosotros, también lo sabemos.

Los reconocemos y no los menospreciamos, porque tenemos claro que ignorarles no evitará las nefastas consecuencias de sus acciones. Por el contrario, es necesario hoy mas que nunca, mantenerse alerta y disidentes, críticos y lúcidos, ejercitar la prudencia, y saberse hombres y mujeres libres. Poseedores de esa libertad humana que no nace de su reconocimiento jurídico o político, sino que es anterior al mismo, como propiedad definitoria de nuestra naturaleza y de nuestra identidad.

Y como nunca he estado dispuesta a que aquello que considero vulgar, aburrido y mediocre, sea el centro de mi atención, no quiero tampoco que estas páginas tenga un punto y final sin esperanza. Opongamos a la vulgaridad consustancial a la necedad, la belleza incomparable de lo auténtico; a sus predecibles imposiciones despóticas, el insospechado misterio de un instante de luz, por eso quiero compartir con todos aquellos que se den una vuelta por esta, mi otra casa, y "enmipropionombre”, el último regalo que he recibido de la Primavera.
Os cuento la brevísima historia de esta imagen:

La otra tarde, amenazando lluvia y tormenta, al borde de la carretera que me llevaba al hiper, casi en la cuneta, allí la encontré sobreviviendo enérgicamente, con coraje, entre los escombros olvidados. Tan humilde y tan hermosa; tan roja, tan intensa. Tan valiente y tan orgullosa, que me la quise llevar para siempre a casa, también …para vosotros.